Voz del Papa - Empeño de unidad entre los cristianos

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El 18 de enero la agencia Romereports.com ofreció un video de la audiencia general en la que el Papa Benedicto XVI explica en qué consiste la Semana de oración por la unidad de los cristianos -que comienza el día 18 y culmina el 25, día de la conversión de San Pablo a nuestra fe-, y que la Iglesia católica y otras confesiones cristianas conmemoran todos los años.

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Inicia hoy la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos -vimos directamente a Benedicto XVI y lo escuchamos conmovidos-, semana que desde hace más de un siglo viene a ser celebrada por todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, para invocar el don extraordinario de la unidad por el que el Señor oró durante la Última Cena, y animar a la oración, como primer camino que conduce a la plena comunión.

El tema elegido para este año, "Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo", resalta la importancia de la fe cristiana en medio de las pruebas y dificultades. No se trata simplemente de cordialidad y cooperación, es necesario reforzar la fe en Dios, el Dios de Jesucristo, que ha hablado y se ha hecho uno de nosotros; se requiere entrar en su nueva vida, que es la verdadera y definitiva victoria; abrirse a los demás, acogiendo los elementos de unidad que ofrece el Señor; y dar testimonio del Dios vivo, que se ha hecho conocer en su Hijo. Concluye Benedicto XVI: Los invito a implorar de Dios el don de la unidad de los cristianos, para que crezca el testimonio común y la colaboración, y podamos un día profesar todos juntos la fe transmitida por los Apóstoles y celebrar los sacramentos de nuestra transformación en Cristo.

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Vamos a reflexionarlo ahora en esta página. Al escándalo de la ruptura histórica de la unidad cristiana -como es sabido, en Oriente durante el siglo XI, y en Europa en el siglo XVI-, los verdaderos creyentes reaccionaron siempre orando y promoviendo la restauración de la unidad perdida. A ese empeño se le da hoy el nombre de ecumenismo.

Siguiendo el fuerte impulso del Concilio Vaticano II, en su fructífero pontificado Juan Pablo II promovió incansablemente el ecumenismo y llegó a formular el “ecumenismo de la santidad”. Convencido de que la restauración de la unidad cristiana es un don de Dios, no una simple tarea de los hombres, nos anima a implorar de Dios ese regalo mediante una vida personal conforme al Evangelio.

“Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo”, leemos en Camino, una obra escrita de San Josemaría, promotor -como todos saben- de la llamada universal a la santidad. El Concilio Vaticano II elevó hasta su mayor nivel doctrinal la llamada universal a la santidad. Y en esa atmósfera se debe desenvolver el cristiano coherente.

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Fruto ecuménico abundante se ha seguido del diálogo teológico entre expertos luteranos y católicos, entre ortodoxos y católicos, entre católicos y anglicanos, respectivamente, plasmado en documentos doctrinales suscritos por ambas partes. El paso ecuménico más reciente y de mayor calado entre anglicanos y católicos es la puesta en vigor de los ordinariatos personales que permiten a los anglicanos que lo desean entrar en comunión plena con la Iglesia católica, preservando elementos del patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. La atención pastoral para estos grupos de fieles antiguos anglicanos está asegurada por estos nuevos ordinariatos personales. Razones históricas y ecuménicas excluyen la ordenación de hombres casados como obispos, tanto en la Iglesia católica como en la Iglesia ortodoxa. Por este motivo, el ordinario -que hace las veces de obispo- puede ser tanto un sacerdote como un obispo no casado. De

esta manera, se logra balancear, por un lado, la preocupación por preservar el valioso patrimonio litúrgico y espiritual anglicano y, por otro, la preocupación de que estos grupos sean integrados en la Iglesia católica.

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Semana de oración por la unidad: “Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» -para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» -que todos, bien unidos [a Pedro,] al Papa, vayamos a Jesús, por María” (Forja, n. 647).