La voz del Papa: Cristiada

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“Como un río de paz” vislumbra bellamente Isaías desde la lejanía de lo siglos que será el paso de Jesucristo, Redentor del mundo (cfr. Isaías 45,18). Así está siendo. Y han sido como un río de paz las palabras y acciones de Benedicto XVI durante los siete años que acaba de cumplir en su misión de Vicario de Cristo, como 265 sucesor de Pedro. Así fue su reciente viaje a México y Cuba, tan esperado y acogido por todos.

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“Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”. Son sus primeas palabras en el aeropuerto de Guanajuato,  al llegar a México el 23 de marzo.

Ya durante el vuelo de Roma a México había respondido algunas preguntas en conferencia de prensa con los periodistas. Javier Alatorre, de Televisión Azteca, le preguntó cómo afronta la Iglesia católica la situación de violencia en México por el problema del narcotráfico. “¿Tendrá palabras para los responsables y para los traficantes que a veces se profesan católicos o incluso benefactores de la Iglesia?”

La respuesta del Papa: “México, además de todas sus grandes bellezas, tiene el grave problema del narcotráfico y de la violencia (…). Ante todo hay que anunciar a Dios. Dios que es juez y nos ama. Pero nos ama para llamarnos al bien y a la verdad contra el mal. Por lo tanto, es una gran responsabilidad de la Iglesia la de educar las conciencias y de educar a la responsabilidad moral y desenmascarar el mal. Desenmascarar esta idolatría del dinero que esclaviza a los hombres; desenmascarar estas falsas promesas, la mentira, el engaño. Debemos ver que el hombre tiene necesidad del infinito. Es importante la presencia de Dios que nos guíe, que nos señale la verdad y, en este sentido, la Iglesia desenmascara el mal: hace presente la bondad de Dios, hace presente su verdad [de Dios], el verdadero infinito”.

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Ese “río de paz” nos invade también estos días en México, gracias a un esfuerzo admirable en la realización de la película llamada “Cristiada”.

La historia que le habían ocultado a muchos -nada saben de “la Revolución Cristera”-, viene ahora presentada en una magnífica película. Bien recibida por la fría crítica cinematográfica internacional, Cristiada se ocupa con rigor histórico de lo sucedido durante la mayor persecución religiosa que ha sufrido México (1926 a 1929), que -lejos de acabar con los creyentes- llenó nuestra historia de gloriosos testimonios de fe y santos canonizados. Está basada en el libro de Jean Meyer sobre el tema (“La Cristiada”, México 1973-1975, 20ª  edición 2000). Meyer, historiador mexicano nacido Niza, Francia, en 1942

Según el productor, Pablo José  Barroso, “visitamos la ‘Ruta Cristera’, donde pudimos hablar con algunos descendientes de cristeros. También nos apoyamos en obras literarias como ‘Entre las patas de los caballos’, de Luis Rivero del Val (1909-1990)”. 

Para información: Director, Dean Wright. Guión, Michael Love. Productor, Pablo José Barroso. Actores, Andy García, Eduardo Verástegui, Peter O'Toole, Karyme Lozano, Eva Longoria, Rubén Blades… La película Cristiada fue la más vista en su primer fin de semana en la cartelera mexicana. Según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, más de 270,000 espectadores asistieron al cine para ver Cristiada, que acumuló durante su estreno más de un millón de dólares, el segundo lugar de recaudación en la cartelera mexicana. Barroso anuncia que se estrena en Estados Unidos el 1° de junio en 750 cines y de ahí al resto del mundo.

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Con razón nos recordó también Benedicto XVI en Guanajuato, el sábado 24 da marzo: “El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal, sino que es siempre instrumento del bien, heraldo del perdón, portador de la alegría, servidor de la unidad. Él quiere escribir en cada una de las vidas una historia de amistad. Ténganlo, pues [a Jesús], como el mejor de sus amigos. Él no se cansará de decirles que amen siempre a todos y hagan el bien. Esto lo escucharán, si procuran en todo momento un trato frecuente con él, que les ayudará aun en las situaciones más difíciles”.