Las Virtudes Paganas, las Virtudes Cristianas y Gilbert K. Chesterton

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Gilbert K. Chesterton

Las Virtudes Paganas, las Virtudes Cristianas y Gilbert K. Chesterton

Gilbert K. Chesterotn, escritor inglés de fines del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX es seguramente uno de los escritores conversos al catolicismo más conocido, más prolífico y mas agudo de que se tenga noticia. Son múltiples sus obras conocidas en español: “La Esfera y la Cruz” habla de los diálogos entre un ateo y un católico irlandés quienes entre sus intentos de batirse a duelo, exponen sus puntos de vista desde perspectivas muy originales y profundas. “Ortodoxia”, “Herejes”, las aventuras del Padre Brown y “El Hombre que fue Jueves” son tal vez de sus obras más conocidas y las Biografías de San Francisco de Asís y de Santo Tomás de Aquino son dos de sus obras maestras, sobre todo la última, considerada por algunos de sus críticos como su obra maestra, son ejemplos de la originalidad y profundidad de su pensamiento.

Chesterton tuvo la capacidad de ir a la esencia del pensamiento cristiano y de saberlo transmitir muy originalmente a través de paradojas, que permiten presentar hasta que punto en el cristianismo hay que estar en el mundo, sin ser del mundo: “Padre, no te pido que los apartes del mundo, sino que los protejas del mal”. Chesterton supo hablar al mundo de sus creencias y de su conversión al catolicismo en un lenguaje asequible a creyentes y ateos, a paganos y libre pensadores y ha dejado una huella profunda en el mundo de la cultura, que el mismo Borges ha reconocido en múltiples ocasiones.

En esta ocasión deseo comentar brevemente lo que él dice en su libro “Herejes” hablando de las virtudes cristianas y las virtudes paganas. En el capítulo XII, hablando de este tema dice: “La verdadera diferencia entre el Paganismo y el Cristianismo se resume perfectamente en la diferencia entre las virtudes paganas o naturales, y aquellas tres virtudes del cristianismo que la Iglesia de Roma llama virtudes de la gracia. Las virtudes paganas o racionales, son tales como la justicia y la templanza y el cristianismo las ha adoptado. Las tres virtudes místicas que el cristianismo no ha adoptado, sino que inventó, son la fe, la esperanza y la caridad” Chesterton usa aquí el verbo inventar en sentido metafórico, ya que en su sentido cristiano estas no existían como tales.

Más adelante habla de dos hechos que marcan la diferencia: “El primer hecho evidente es que las virtudes paganas como la justicia y la templanza, son virtudes tristes, y que las virtudes místicas de la fe, la esperanza y la caridad son virtudes alegres y exuberantes. Y el segundo hecho evidente, que resulta aún más evidente, es el hecho de que las virtudes paganas son virtudes razonables, y que las virtudes cristianas de la fe, de la esperanza y de la caridad son en su esencia todo lo inmoderadas que pueden ser.”

Para explicarse Chesterton nos recuerda que la justicia –virtud natural- es darle a cada quien lo que merece, y que la templanza –otra virtud natural- consiste en usar de las cosas en los límites razonables de nuestros apetitos y tendencias. “Pero –nos dice Chesterton- la caridad significa perdonar lo que es imperdonable, o de otro modo no es virtud. La esperanza significa esperar cuando todo es desesperado, o de otro modo no es virtud. Y la fe significa creer lo increíble, o de otro modo no es virtud” Y dice más adelante: “Cierto que hay un estado de esperanza que se posa en las perspectivas claras y en el lucero (matutino); pero esa no es la virtud de la esperanza. La virtud de la esperanza existe sólo en la catástrofe y en el oscurecer. Cierto es que hay una cosa crudamente llamada caridad, que es el socorro que se hace al pobre que lo merece; pero el socorro que se hace a quien lo merece no es caridad, es justicia. Es quien no la merece el que necesita de ella… Para fines prácticos, es en el momento desesperanzado cuando necesitamos del hombre esperanzado, y la virtud o no existe del todo, o empieza a existir en aquel momento. Exactamente en el instante en que la esperanza cesa de ser razonable empieza a ser útil”

Estas reflexiones de Chesterton, me remiten al escrito previo sobre la locura de ser católico. Vivimos recientemente el gran espectáculo del Teletón y que bueno que existan estos esfuerzos para ayudar a los discapacitados, pero la verdadera caridad en estos eventos está en los millones de donadores anónimos que no buscan aparecer en la feria de las vanidades de ver quien aporta el cheque mayor, sino en los que ponen cada granito de arena por el simple hecho de ayudar a alguien a quien no conocen –y a quien seguramente no conocerán- Chesterton dice que las virtudes cristianas son ‘inmoderadas’ y tiene razón, pues están por encima de toda moderación. Tengo derecho a defenderme de quien me agrede, y es ‘inmoderado’ que en vez de defenderme ‘ponga la otra mejilla’ y así, la virtud natural de la justicia es superada por la virtud cristiana de la caridad. Creer que hay esperanza en este mundo de hambre, guerras y globalización requiere de un ‘esfuerzo inmoderado’ de la fe en el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios y en la acción providente de Dios en la historia.

Ojalá recuperemos más de este profeta de los tiempos modernos que fue Chesterton y que nos ayude a reflexionar en las enseñanzas del Maestro que nos dijo: “Si amáis a los que os aman, ¿Qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿Qué mérito tenéis?” (Lc 6 32-33) “Pero Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen” (Lc 6 27-28). ¿Hay algo más inmoderado que esto? ¿Existe mayor locura que seguir al Nazareno?