Valor de la familia fundada en el matrimonio

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Valor de la familia fundada en el matrimonio

Igual que la luz del Sol, los hombres verdaderamente grandes que registra la historia iluminan y hacen brillar a cuantos se les acercan. Es el caso de Juan Pablo II y está siendo nuevamente el de Benedicto XVI. A ninguno opacan; a todos, sencillos o notables, los engrandecen. Veamos.

Al presidente de la República Federal Alemana, Horst Köhler yl recibir a Benedicto XVI en Colonia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en julio de 2005 le escuchamos: “Nos emociona especialmente, y lo digo también como cristiano protestante, que un alemán, es decir, uno de los nuestros, ocupe la silla de Pedro”. Los majestuosos Reyes de España recibieron a Benedicto XVI al pie de la escalerilla del avión al llegar éste a Valencia y le besaron el anillo entre las ovaciones de los peregrinos. Era el Encuentro Mundial de las Familias de 2006. En septiembre de 2008 el presidente francés Nicolas Sarkozy en su discurso de bienvenida a Benedicto XVI declaró en París: “Las religiones, en particular la religión cristiana, son patrimonios vivos de reflexión y pensamiento”. Para aprovechar este patrimonio abogó por una “laicidad positiva (…), una invitación al diálogo, a la tolerancia y al respeto”. 

Acaba de suceder en México con motivo del último Encuentro Mundial de las Familias. El presidente de la República, Felipe Calderón, conmovido, ruega a los cardenales venidos de Roma “que le transmitan un saludo muy respetuoso a Su Santidad el Papa Benedicto XVI; que la verdad es que lo extrañamos en México y que aquí lo vamos a seguir esperando siempre con los brazos abiertos”.

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A través de una comunicación vía satélite, Benedicto XVI envió a México su bendición y llamó al mundo a “reafirmar el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio”. Es la idea clave del VI Encuentro. Mundial de las Familias. Ante unos 22 mil asistentes y luego de cinco días de reflexiones sobre “La familia formadora de los valores humanos y cristianos”, el domingo 18 culminó el esperado Encuentro en la basílica de Guadalupe de la Ciudad de México. 

La eucaristía estuvo presidida por el secretario de Estado Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone. Desde la Santa Sede, la ceremonia fue seguida vía satélite por el Papa, quien acompañó en oración a los fieles presentes en la jornada de clausura.

El tema de este encuentro mundial, afirmó el Papa, recuerda que “el ambiente doméstico es una escuela de humanidad y de vida cristiana para todos sus miembros, con consecuencias beneficiosas para las personas, la Iglesia y la sociedad. En efecto, el hogar está llamado a vivir y cultivar el amor recíproco y la verdad, el respeto y la justicia, la lealtad y la colaboración, el servicio y la disponibilidad para con los demás, especialmente para con los más débiles. El hogar cristiano (...) ha de estar impregnado de la presencia de Dios, poniendo en sus manos el acontecer cotidiano y pidiendo su ayuda para cumplir adecuadamente su imprescindible misión”.

"Para ello -continuó- es de suma importancia la oración en familia en los momentos más adecuados y significativos. (...) El Maestro está ciertamente con la familia que escucha y medita la Palabra de Dios, que aprende de Él lo más importante en la vida y pone en práctica sus enseñanzas. De este modo, se transforma y se mejora gradualmente la vida personal y familiar, se enriquece el diálogo, se transmite la fe a los hijos, se acrecienta el gusto de estar juntos, y el hogar se une y consolida más, como una casa construida sobre roca”.

Benedicto XVI subrayó que la familia: “Viviendo la confianza y la obediencia filial a Dios, la fidelidad y la acogida generosa de los hijos, el cuidado de los más débiles y la prontitud para perdonar, se convierte en un Evangelio vivo, que todos pueden leer”. Además, la familia debe "llevar también su testimonio de vida y su explícita profesión de fe a los diversos ámbitos de su entorno, como la escuela y las diversas asociaciones (…)”

“Por su función social esencial, la familia tiene derecho a ser reconocida en su propia identidad y a no ser confundida con otras formas de convivencia, así como a poder contar con la debida protección cultural, jurídica, económica, social, sanitaria y, muy particularmente, con un apoyo que, teniendo en cuenta el número de los hijos y los recursos económicos disponibles, sea suficiente para permitir la libertad de educación y de elección de la escuela”.

El Santo Padre concluyó haciendo hincapié en la necesidad de “desarrollar una cultura y una política de la familia, que sean impulsadas también de manera organizada por las familias mismas”. 

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La ciudad italiana de Milán será la sede del próximo Encuentro Mundial de las Familias en la primavera de 2012, con el tema: “La familia, el trabajo y la fiesta”. Benedicto XVI lo anunció en su mensaje televisivo de clausura escuchado y visto en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.