¿Un padre, 150 hijos? ¿“Reducción selectiva”? El mundo extraño y aterrador de la tecnología reproductiva

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Nosotros les estamos agradecidos a los investigadores médicos y a los profesionales de la medicina que encuentran nuevos remedios y medicamentos para aliviar nuestros dolores y restaurar y mejorar nuestra salud. Sin embargo, con cada nuevo desarrollo en la ciencia médica, se presenta la responsabilidad de usarlo sabiamente y de acuerdo con la voluntad de Dios. Mucha gente no lo reconoce. Un ejemplo de esto fue el tema de un artículo en el periódico estadounidense The New York Times, publicado el mes pasado, y titulado: “Un donante de esperma, 150 descendientes”.

El artículo narraba la búsqueda de una mujer de los hermanos de su propio hijo, todos los cuales son los descendientes del donante de esperma que engendró a su hijo. Cuando terminó su investigación, ella se sorprendió al descubrir que el hombre era el padre de otros 149 niños, todos ellos medios hermanos o medias hermanas de su hijo.

En los Estados Unidos de América, se ha fundado una organización llamada “Registro de Hermanos de Donantes”. Allí se pueden encontrar muchísimos ejemplos de hombres que han engendrado docenas y docenas de niños, y más también. Uno de ellos fue padre de 70 hijos. “De vez en cuando él consigue un nuevo niño o gemelos”, señaló un funcionario del Registro.

La lucrativa industria de la tecnología reproductiva en los Estados Unidos está muy poco regulada. Algunos países del mundo, limitan el número de niños que un hombre puede engendrar, por ejemplo, Gran Bretaña (10 niños por donante), Francia y Suecia. Pero no Estados Unidos.

Como advertía el artículo de la Times, la preocupación inmediata es la posibilidad que una persona infecte a muchos niños con una enfermedad rara. La otra preocupación y tal vez la más común es la posibilidad en pequeñas comunidades cívicas de matrimonios entre medios hermanos y hermanas, es decir, un “Incesto accidental”. Pero éstas no son las únicas consideraciones morales. Además, tenemos que afirmar que las modernas tecnologías reproductivas – el involucramiento de donantes de óvulos y esperma, la fecundación in vitro, el alquiler de vientres, etc. – no son acordes al plan de Dios para la raza humana. Estas tecnologías despersonalizan la reproducción, convirtiéndola en un proceso de línea de montaje para traer a una tercera y anónima parte a un matrimonio como el padre genético.

Otro artículo, publicado en agosto del año en curso en la revista estadounidense The New York Times Magazine, planteó otros problemas conexos. Señaló el creciente número de nacimientos múltiples en nuestra sociedad, especialmente de gemelos y trillizos. Esto se debe a la utilización de drogas para aumentar el número de óvulos producidos por las mujeres y a la implantación de varios embriones para aumentar las probabilidades de un nacimiento. El artículo señala que el cincuenta por ciento de los bebés concebidos mediante fertilización in vitro son parte de embarazos múltiples, y en cualquier lugar del 5-20 por ciento de los embarazos que utilizan drogas para la fertilidad tienen como resultado hermanos gemelos o más.

La cuestión planteada en el artículo era el dilema de muchas mujeres que terminan embarazadas con más hijos que los que ellas pretendían, y recurren al aborto como una solución. Muchas de las mujeres que afrontan esta decisión son mayores y encuentran desalentador pensar en criar a dos o tres bebés al mismo tiempo, luego atender adolescentes traviesos y ahorrar suficiente dinero para enviarlos a todos a la universidad.

Por otro lado, estas mujeres se dan cuenta, tal vez tardíamente, que los gemelos son especiales, que son almas gemelas por naturaleza. Una mujer confesó: “Yo no podía dormir por la noche sabiendo que he puesto fin al hermano gemelo de mi hija”. Preocupaciones similares surgen con respecto a los trillizos.

La autora del artículo, Ruth Padawer, cita los puntos de vista de un psicólogo social que argumenta que la base de estos dilemas sobre la reproducción es la característica estadounidense de querer “opciones ilimitadas”. Éste es un ideal típicamente estadounidense.

El investigador declaró que “ahora mismo estamos en medio de una revolución respecto a las opciones, en la que estamos tratando de averiguar dónde deben estar los límites éticos”.

Pero en realidad no es difícil encontrar los límites éticos. Éstos coinciden con la voluntad de Dios para nosotros. Cada bebé es un ser humano con el derecho a la vida dado por Dios. Las personas no pueden “jugar a ser Dios”, eligiendo que un bebé puede vivir, mientras que otro muere.

Para mí, resulta triste y perturbador ver cómo las personas luchan por tratar de encontrar excusas morales y éticas para matar. Un médico, al considerar el dilema de elegir entre gemelos, señalaba en el artículo que “la ética evoluciona con la tecnología”.

Si bien es cierto que la aplicación de los principios puede evolucionar en el sentido que las nuevas tecnologías exigen nuevas aplicaciones de los principios, eso no significa que los principios éticos básicos evolucionen con la tecnología, sobre todo no la verdad que toda vida es sagrada.

Las leyes de la naturaleza humana siguen siendo las mismas, tal como ocurre con la ley de nuestra naturaleza y con la ley de Dios respecto a la naturaleza.

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El padre John A. Leies SM, sacerdote de la Compañía de María y Doctor en Teología, colabora con la redacción de artículos en el sitio cibernético de HLI America, donde apareció originalmente este texto, y es presidente emérito de la Saint Mary University (Universidad de Santa María) en el Estado de Texas en los Estados Unidos de América. Anteriormente fue allí jefe del Departamento de Teología. Este artículo fue revisado a partir de su publicación original el 23 de septiembre de 2011 en  el periódico Today´s Catholic (El Católico Hoy) de la Arquidiócesis de San Antonio en Texas.