«SOPA»: la guerra entre Hollywood y Silicon Valley o una reflexión en torno a los valores de la revolución francesa

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«SOPA» es el acrónimo de Stop Online Piracy Act («Ley de cese de la piratería on line»), una propuesta de ley impulsada originalmente por el congresista estadounidense Lamar Smith, en la Cámara de Representantes. La iniciativa, aún sin fecha para ser sometida a votación, consiste en una nueva normativa que obliga a los proveedores de internet (ISP) a aplicar filtros que analizan los contenidos que entran y salen de los ordenadores públicos y privados, de manera que se pueda identificar fácilmente el tráfico de material protegido con derechos de autor (copyright) y, eventualmente, penalizando según el caso.

 

La versión de «SOPA» manejada ahora en el senado de los Estados Unidos es conocida como «PIPA» (Protect IP Act), donde comenzará a ser debatida a finales de enero de 2012. ¿Había un vacío de ley en esta materia o cuál es la novedad de esta nueva propuesta que ha levantado tanta polémica?

 

«Digital Millenium Copyright Act», de 1998, es la ley contra piratería más reciente en la Unión Americana. La novedad de «SOPA»-«PIPA» es su alcance: visto que la mayoría de los servidores que dan servicio de internet a nivel mundial se encuentran en territorio americano, aunque la titularidad esté en otro país, la obligación de retirar material ilegal publicado tiene consecuencias más allá del territorio de los Estados Unidos, en cualquier portal del planeta.

 

Las sanciones van, por lo demás, desde penas de cárcel, pasando por la omisión de resultados de búsqueda en los buscadores como Google, Yahoo o Bing, por mencionar algunos, hasta el cierre de webs o perfiles personales en redes sociales so pretexto de uso de material protegido por derechos de autor, independientemente de que se esté lucrando o no con él  (piénsese, por ejemplo, en un video casero que usa la canción de un artista sin haberle pedido permiso al sello discográfico. Análogamente para imágenes, textos, etc.).

 

Dado que el apoyo a «SOPA» ha venido especialmente de la industria del entretenimiento (productoras de cine, televisión y música, y la Motion Picture Association of America -MPAA-), y la oposición la han encabezado Google, Amazon, Wikipedia, Yahoo, Facebook, Wordpress, Mozilla, Twitter, Foursquare, etc., se ha presentado la confrontación como un Hollywood versus Silicon Valley.

 

En todo este contexto, aunque no como una consecuencia de «SOPA», el FBI cerró el portal Megaupload el pasado 19 de enero de 2012. El conocido portal de descargas recibía el 4% del total de tráfico de internet y tenía más de 150 millones de usuarios registrados. Por medio de él se distribuía y/o compartía a escala masiva material protegido por derechos de autor como software, libros electrónicos, música, películas, etc. El último gran cierre mundialmente conocido fue el del portal de descargas musicales, Napster, en julio de 2001.

 

Es también en este contexto –ahora sí relacionado directamente con «SOPA»– en el que varios grandes portales de internet (por ejemplo la versión en inglés de Wikipedia) suspendieron por unas horas o un día sus servicios, a modo de protesta.

 

Aunque «SOPA» tiene versiones más o menos análogas en otros países, detrás de la masiva protesta, sobre todo en internet, se aducen violaciones a la libertad de expresión, de libre acceso a la información, de circulación, creación e incluso a la privacidad. El presidente Obama está, de hecho, en contra de la actual formulación de la propuesta «SOPA».

 

La declaración de Harry Reid, jefe de los demócratas en el senado estadounidense, en torno a «encontrar un equilibrio entre protección de la propiedad intelectual y mantener la apertura y la innovación en internet», pone de manifiesto un punto de partida que es –o debería ser– común a todos: la piratería es un delito porque implica distribuir, sea lucrando o no, lo que es propiedad de un tercero.

 

En el fondo de todo lo que se ha dicho se encuentra algo más complejo que es el problema de la así llamada «internet governance» que implica un control.

 

Tal como conocemos y vivimos el internet de hoy, podríamos decir que en este ambiente se viven al menos dos principios de la revolución francesa: la igualdad y la libertad.

 

Igualdad. Fueron los ciudadanos los que «encendieron» la web con sus protestas contra «SOPA» desde diversas latitudes del mundo, haciendo sentir su parecer (e influyendo) en la postura de congresistas y senadores (la diferencia de pareceres en torno al proyecto de ley después del cierre de Megaupload puede verse aquí: el 18 de enero 31 congresistas se oponían a «SOPA». Un día después, el 19, ya eran 101).

 

Libertad. Son muchos los que en nombre de la libertad piden el acceso a la información y, de hecho, en la mayoría de los países occidentales, la tienen. Pero en nombre de esa libertad se puede caer en el escollo de confundir el apreciado valor en un vicio (por ejemplo, dado el tema tratado, de la piratería) y, más todavía, en una anarquía.

 

En 2005 nació en Túnez el Internet Governance Forum, un espacio de discusión mundial que aúna autoridades civiles y representantes de la sociedad civil y el sector privado. La iniciativa fue una respuesta a la necesidad de evaluar principios, normas, reglas y procedimientos de decisión para el uso de internet a escala mundial.

 

¿Y qué decir del tercer valor de la revolución francesa? La fraternidad se presenta como principio base de partida y como tarea. Y es que si bien es cierto que hay un derecho a la libertad de expresión y difusión de ideas, es preciso ofrecer orientaciones que tutelen adecuadamente el derecho y que especifique las obligaciones que del derecho también se desprenden.

 

Como declaró Antonio Spadaro a Radio Vaticana (cf. 18.01.2012): «Cualquier limitación de la libertad de opinión y de expresión debe ser prevista por una norma que defienda los derechos, la reputación de los demás, la seguridad nacional, el orden público, la salud o la moral pública. Por ello es necesario tratar de que estas limitaciones legales también sean necesarias y, en todo caso, que sean lo menos restrictivas posible. Este es el nivel fundamental de la discusión. El problema existe pero hay que estar atentos a las soluciones para no caer en el problema opuesto. Diría que no se puede delegar la solución del problema sólo y exclusivamente a la norma; hay un problema educativo, que es fundamental».

 

Por lo pronto, en los episodios recientes tras el cierre de Megaupload, ha quedado evidenciado que los principios de igualdad y libertad están en apogeo (los ataques de Anonymous, un grupo de hackers esparcidos por el mundo, a varios portales gubernamentales dentro y fuera de los Estados Unidos, además de los realizados a las webs de la industria del entretenimiento y la filtración de datos familiares del jefe del FBI). Lamentablemente no se puede decir lo mismo del de fraternidad: y es que la fraternidad implica el respeto y, a juzgar por los juicios que inundaron Twitter, en general se está bastante lejano de ese objetivo. Por lo demás, lo más probable es que «SOPA»-«PIPA» sea aprobada con no pocas atenuantes que, al final, mantengan más o menos igual la legislación de 1998.