Sòlo de los perseverantes es la victoria


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Debemos
luchar contra la soberbia que nos asemeja a Satanás, que hace llover
sobre nosotros el desprecio de Dios, que nos hace sentirnos dueños de
cuanto bueno pone el Señor en nosotros, que crea en nosotros un gran
sentido de estimación y propio amor, que nos aparta del camino de la
obediencia y nos impide a todo trance nuestra transformación en
Jesucristo.

Debemos
luchar por ser fieles y perseverar en la lucha porque sólo de los que
se esfuerzan hasta el fin es la victoria. Ya sabemos que a nuestra
naturaleza caída, mucho le cuesta este constante luchar y más luchar,
ya conocemos nuestra debilidad y nuestra miseria y quizá esto nos pueda
hacer creer que no vamos a perseverar, pero cuando venga este
pensamiento, mis amados hijos, recordad que no estamos solos, que
Jesucristo tiene empeñada su palabra y que su gracia nos bastará para
pelear la buena batalla siempre que nosotros pongamos lo que está de
nuestra parte. No creáis que cuando no sentís que Jesús es porque Él se
ha alejado y os ha dejado solos en la lucha; no, eso nunca lo hace Él,
sino que acostumbra con frecuencia entrenarnos un poco y después
dejarnos aparentemente sin su compañía dulcísima para ver si también
sin verlo podemos pelear por Él.