Sin miedo a la verdad - La necesidad del silencio

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1) Para saber

Hace pocos días el Papa Benedicto XVI visitó un monasterio: la Cartuja de San Bruno, que se caracteriza por custodiar con particular cuidado el silencio y la soledad. Recordando a San Bruno, destacaba la necesidad de estar "Captus ab Uno", es decir, estar "aferrado por el Uno", por Dios. Pues hoy en día, el progreso técnico, los transportes y las comunicaciones, han hecho la vida del hombre más confortable, pero también más agitada. Las ciudades son casi siempre ruidosas, raramente hay silencio, incluso de noche.
El peligro está en que nos impidan percibir la presencia de Dios, que se nos dificulte experimentar la Plenitud, la Realidad más real que exista, y que está más allá de la dimensión sensible.
Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual a causa de mensajes audiovisuales que lo acompañan todo el día. Quienes han nacido en esta condición, parecen querer llenar de música y de imágenes cada momento vacío, casi por el miedo de sentir, precisamente, este vacío. Muchos parecen incapaces de quedarse durante mucho rato en silencio y en soledad, temiendo encontrar en su interior un vacío.

2) Para pensar

Basado en un relato de Anthony de Melo, la siguiente historia nos muestra el temor para encontrarnos con la verdad misma.
Sucede que un hombre caminaba por las calles de la ciudad cuando un modesto local le llamó la atención. Intrigado se acercó y pudo leer un cartelito que anunciaba: “Tienda de la verdad”.
El hombre sorprendido entró. Se acercó a la señorita que estaba atendiendo y preguntó: “Perdón, ¿esta es la tienda de la verdad?” Le respondió: “Sí, señor, ¿qué tipo de verdad quiere: la parcial, la relativa, la estadística o la completa?”
Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar y llevarse la verdad, era maravilloso.
“Quiero la Verdad completa -contestó el hombre sin dudarlo- estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones; no quiero más generalizaciones, justificaciones, ni engaños”.
“Muy bien, pero… ¿el señor sabe el precio?”
“No, ¿cuál es?”, pues estaba dispuesto a pagar lo que fuera.
“Si usted se la lleva, el precio es que nunca más podrá estar en paz”.
Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande. “Gra... gracias, disculpe...”, balbuceó.
Se dio vuelta y salió triste y avergonzado al darse cuenta de que no estaba preparado para la verdad, de que todavía necesitaba de mentiras donde encontrar descanso, de trampas y apariencias para sentirse superior, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo. “Quizás más adelante”, pensó...

3) Para vivir

El hombre ha de ser capaz, decía el Papa, de percibir a Dios, que es la Verdad, en medio del mundo, una presencia perceptible en toda criatura: en el aire que respiramos, en la luz que vemos y nos calienta, en la hierba, en los demás... Dios, Creador de todas las cosas, pero está más allá, y precisamente por esto es el fundamento de todo.
Que sepamos encontrar en el día momentos de silencio para comunicarnos con el Señor, de tal manera que luego, en las diversas actividades, seamos conscientes de su presencia.