Siento rabia de que Dios haya llamado a la vida consagrada al amor de mi vida. ¿Me puede orientar para superarlo?

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Siento rabia de que Dios haya llamado a la vida consagrada al amor de mi vida. ¿Me puede orientar para superarlo?

Melissa pregunta:

Padre Ricardo, He leído algunas de sus respuestas a preguntas sobre noviazgo, pero creo que no hay ninguna que se aplique exactamente a mi caso, por lo que quisiera pedirle un consejo. Tengo 26 años y tenía hasta hace poco un novio ejemplar, católico, trabajador, sano, y muy varonil. Pero hace unos meses él me dijo que Dios lo llamaba a consagrar su vida en el Regnum Christi. Llevábamos ya varios años de novios, y todo iba muy bien, incluso estaba hacienda planes para la boda y sé que él estaba hacienda un esfuerzo especial para comprar el anillo Y de pronto su anuncio inesperado. La verdad es que me da alegría por él y he tratado de apoyarlo, pero sigo muy dolida y a veces le reclamo a Dios por haberlo elegido. Yo ya lo veía como mi esposo y el padre de mis hijos, y me cuesta horrors desprenderme de él. Incluso me he sentido engañada, pues me dijo que esta inquietud la sentía desde hace tiempo, pero nunca me lo había dicho (es verdad que él tampoco quería darle mucha importancia). Creo sinceramente que me amaba. Trato de ofrecer a Dios mi sufrimiento para que él sea fiel a su vocación, me desahogo con Cristo en la oración, pero también me siento culpable por estar pensando todo el tiempo en lo que yo siento. No logro salir de mi estado de tristeza. Sé que Dios quiere tiene un plan para mí, pero me rebelo ante el hecho que se haya llevado al amor de mi vida. Es horrible decirlo y trato de no sentirlo ni pensarlo Sigo yendo a Misa los domingos y trato de rezar, pero al final de mi oración suelo acabar más enojada o deprimida. ¿Cree que debería buscar ayuda con un psicólogo o acudir a algún tipo de terapia? Le agradeceré mucho que me oriente para poder salir de esta situación. Muchas gracias por su ayuda, padre.

Querida Melissa,

No creo que tengas que ir a un psicólogo para afrontar la situación que estás viviendo. Quizás sea suficiente fortalecer un poco tu vida espiritual. Creo que tienes claros los principios, pero a veces hacen falta algunos soportes para que éstos aterricen y se hagan prácticos en tu vida.

Te da alegría por tu novio, pero al mismo tiempo estás algo molesta. La alegría de la que sientes es alegría espiritual, que expresa que quieres lo que es lo mejor para él (señal inequívoca de que hay amor verdadero) y también lo que te dice tu fe que lo  mejor que le puede pasar a una persona es descubrir la voluntad de Dios y seguirla. Quizas convenga que lo apliques a tu situación actual. Tu tristeza viene, como dices, de no querer perder la esperanza de que él fuera el padre de tus hijos, y esta tristeza se convierte en rabia cuando piensas en que Dios se ha llevado al amor de tu vida.

Hay mucho de Dios que no entendemos, Melissa, y aunque a veces lo comprendemos por la fe, no deja de doler. Es como cuando un ser querido fallece, sobre todo si es una persona joven Todo lo que veíamos en su futuro, tan lleno de posibilidades, de pronto de desvanece cuando Dios se lo lleva, y podemos a veces reclamarle a Dios como si Él no supiera lo que está haciendo o si no hubiera considerado todas las consecuencias. Nos resulta muy difícil aceptar que nuestros planes quizás no eran los mejores para nosotros nos golpea y nos obliga a reexaminar nuestra vida, a ir a lo esencial, a preguntarnos dónde está nuestro tesoro y dónde está realmente nuestro corazón.

A veces es duro cuando Dios nos recuerda que todo lo que vivimos es muy insignificante, como el polvillo que se acumula en una balanza, en comparación con lo que será la vida eterna; y que en esta vida estamos de paso, camino a la eternidad, y que todo lo de aquí abajo, incluso lo más atractivo y hermoso y que no es Dios pasará. Incluso en la vida espiritual, Dios suele quitarnos de todo lo que no es Él para que la fe y el amor puros sean lo único que cuente. Creemos que lo hace despiadadamente, cuando realmente son su piedad y misericordia las que lo llevan a purificarnos de esta manera. Sin si ayuda, quizás nunca llegaríamos a vivir la vida tal y cómo Él la pensó para nosotros, con la mirada puesta en Dios y los pies en la tierra, con un destino muy concreto: llegar al cielo, con el mayor número de hermanos nuestros a nuestro lado.

¿Qué hacer, entonces, con tu situación?

Normalmente la solución no es darle vueltas al asunto ni ir con Dios sólo a reclamarle y preguntarle una y otra vez porqué ha hecho eso. Creo que tienes ahora una oportunidad única para confiar más en Cristo, como nos enseñó María, en las bodas de Caná, que expone a Cristo una necesidad, pero se confía plenamente a Él para que Él proceda como Él quiera. Le dice que no tienen vino, pero no le dice qué hacer para resolver el problema: María sabe que lo hará bien porque es bueno, porque la quiere. 

Te puede ayudar mucho también tomar el evangelio en las manos y acompañar a Cristo en Getsemaní. Él también tuvo que sufrir, como tú, y por eso te comprende perfectamente. Él ya pasó por ahí. Dile con confianza que tú sabes que Él lleva tu vida, y que quieres que se haga la voluntad del Padre y no la tuya. Y si Él te ha hecho empezar esta nueva etapa de tu vida, pídele que te ayude a escribirla con Él, por donde Él quiera llevarte.

¡Que Dios te bendiga!