Siempre podemos dar mas a Cristo


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Nodejemos que por nuestra culpa el Movimiento se convierta en un grupo de
almas buenas, pero nada más buenas. Yo siempre odié desde el fondo de
mi corazón la vida tranquila, sin demasiadas exigencias; quería ofrecer
a Cristo un grupo de incondicionales, prestos en cualquier momento para
realizar lo que Él les pidiera, afianzados en la fe y en el amor, para
superar toda dificultad, sobre todo, la del status quo permanente, la
del contentamiento con parciales generosidades, cuando el corazón no se
ha entregado totalmente a Cristo.

¡Cuánta merma para el perfeccionamiento personal, para el trabajo apostólico,
el de ese vicio nefasto de la omisión y la rutina! Es preciso
espolearse a sí mismo, integrarse afectiva, psicológica,
doctrinalmente, tener una unidad de intereses, sacudir esa rutina todos
los días, sacudirla en todo momento, no contentarnos jamás, que siempre
hay campo por conquistar, siempre le podemos dar más a Cristo, en el
fiel cumplimiento de las obligaciones de nuestro estado: en nuestra
oración, en nuestra abnegación, en nuestra humildad, en nuestra
obediencia, en nuestro estudio, en nuestro celo apostólico, en nuestro
trabajo directo para conquistar hombres para Cristo; sin eufemismos,
sin segundas intenciones, sin teorías ajenas a la sencillez de su
mensaje.