¿Si tengo una caída en la castidad debo dar por concluido mi proceso de discernimiento vocacional?

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¿Si tengo una caída en la castidad debo dar por concluido mi proceso de discernimiento vocacional?

Mario pregunta:

Padre Ricardo,

Soy un chico de 20 años y estoy en un proceso de discernimiento vocacional. Hace poco me dijo un amigo que basta tener una caída en el campo de la castidad para que sea mejor dejar de discernir la propia vocación al sacerdocio al menos por unos años. Yo no soy un ángel, e intento vivir castamente, pero a veces tengo mis caídas. ¿Es cierto que ya estaría vedado para mí el sacerdocio?

Muy querido Mario,

Gracias por tu pregunta. En primer lugar hay que decir que una persona no debe "tirar la toalla" en un proceso de discernimiento vocacional porque ha cometido un pecado. Lo que hay que hacer es arrepentirse sinceramente, pedir perdón a Dios en la confesión y seguir adelante con más humildad y más confianza.

Creo también, Mario, que hay que tener presente que el don de nuestra sexualidad es un gran regalo que Dios nos ha hecho y que, por lo mismo, no hay que verla como si fuera mala o, simplemente, un enemigo a vencer. Es verdad que, por el pecado original, hay en nostros una especie de guerra civil por la que las pasiones a veces se rebelan y nos proponen hacer cosas que son contrarias al plan de Dios. Pero si vigilamos y oramos podemos vivir con alegría y serenidad nuestra masculinidad con todo lo que ella implica en el campo afectivo, psicológico, fisiológico, etc. como vemos en tantos hombres casados y célibes que son santos.

Nuestros pecados concretos nos pueden ayudar mucho a conocernos mejor y a percatarnos de lo frágiles que somos, pero nunca deben ser fuente de desaliento. Más bien nos muestran que tenemos que esforzarnos y trabajar duro para poder seguir fielmente a Cristo según nuestra vocación y, también, para caer en la cuenta de que podemos en un momento decirle a Cristo que lo amamos para venderlo al día siguiente y traicionarlo. De aquí se sacan lecciones muy valiosas.

Ahora bien, en el campo de los pecados contra la castidad, antes de meter al frigorífico o dar por concluido un proceso de discernimiento vocacional hay que tener en cuenta varios factores: el tipo de pecado cometido, si fue una cosa aislada o es un hábito contra el que estás luchando (o contra el que no estás luchando), las circunstancias que lo propiciaron, las consecuencias que pueden seguirse de él, etc. Para no errar, conviene que hables con franqueza y claridad con un buen confesor o director espiritual. Él te sabrá aconsejar convenientemente para seguir buscando tu vocación. Aquí quizás los amigos no sean los mejores consejeros, pues, aunque tienen una buena voluntad enorme por lo general, no siempre tienen la experiencia necesaria para ayudarte.

Como regla general, si tienes un hábito de pecado muy arraigado, quizás convendría hacer un trabajo más serio por resolverlo antes de emprender el camino del sacerdocio. Si en cambio se trata de una falta tonta y aislada, quizás puedas recuperarte más rápidamente y además crecer en la humildad. Pero, nuevamente, la ayuda de tu confesor o de un director espiritual serán decisivos para no errar el camino.

En tu lucha por la pureza, no dejes de encomendarte a María y acercarte a la confesión y a la Eucaristía para fortalecerte para la lucha y vencer.

Semper altius!