Si extraño a mi hijo, ¿puedo sacarlo del seminario?

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Si extraño a mi hijo, ¿puedo sacarlo del seminario?

Genoveva pregunta:

Mi hijo acaba de entrar al seminario menor de la diócesis. Lo veo con cierta frecuencia, pero por las distancias no siempre me es posible hacerlo y lo echo mucho de menos. Además, en el seminario hay una disciplina algo estricta y no puedo hablar con él todo lo que quisiera. A veces me dan ganas, incluso en la oración, de ir por él al seminario y traérmelo a casa. Él está feliz ahí con su vocación, pero yo lo extraño mucho.

Estimada Sra. Genoveva,

Comprendo que su corazón de madre sufra por el sacrificio que ha hecho al entregar a su hijo al Señor y le aseguro que la tendré especialmente presente en mis oraciones para que pueda ver el gran don que Dios hace a su hijo y a toda la familia al llamarlo a seguirle más de cerca.

Ud. me dice que su hijo está feliz en el seminario. Me imagino que a él le haría sufrir que Ud. le sacara de ahí y que experimentara una contradicción entre lo que seguramente le ha enseñado Ud. sobre la voluntad de Dios y lo que luego ve en la práctica. Y estoy seguro de que Ud. no quiere hacer a su hijo infeliz.

Más que pensar en sacarlo del seminario, yo le aconsejaría que hablara de cuando en cuando con el rector del seminario u otro de los formadores, para que le ayude a adaptarse a este gran regalo de Dios. Es verdad que los regalos a veces pueden ser muy dolorosos, pero si vienen de quien nos ama, los aceptamos de buen grado.

Piense también en todo el bien que está haciendo su hijo en el seminario y el bien que hará cuando sea sacerdote, si efectivamente el Señor lo llama y él quiere libremente seguirlo (en el seminario se discierne la vocación, no se "fabrica" ni mucho menos se presiona a los muchachos). Si él descubriera que no es el sacerdocio su camino, tendrá una formación espiritual y humana excelentes, que lo harán después, con la ayuda de Dios, un hombre de bien, un buen padre y un buen esposo.

Acérquese más a María, sobre todo cuando más extrañe a su hijo. Ella ya pasó por ahí y la comprende y entiende, y la sostendrá siempre. Ella es la madre de Dios... Ud., si Dios así lo quiere, un buen día se parecerá mucho más a ella porque será madre de un sacerdote de Jesucristo.

La encomiendo. Ojalá Ud. también ayude a otras madres de familia a descubrir y valorar el don de una vocación en su familia. Esto hará muy feliz a su hijo, y a Ud. misma.