¿Sacerdote diocesano o religioso?

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¿Sacerdote diocesano o religioso?

Paco pregunta:

Querido Padre,

Tengo claro que Dios quiere que sea sacerdote, pero estoy muy confundido y no sé si debería ser diocesano o religioso. Una parte de mí quisiera entrar a una congregación como los Legionarios de Cristo y entregarme ahí plenamente. Sin embargo, también creo que podría ayudar mucho como sacerdote en mi ciudad. ¿Es un signo de egoísmo que quiera la estabilidad del sacerdocio diocesano? ¿Cómo puedo discernir lo que Dios quiere?

Querido Paco,

Ser sacerdote diocesano y ser sacerdote religioso son ambas vocaciones hermosas, buenas y necesarias para la Iglesia. Ambas son un don que Cristo hace a su familia para que los sacerdotes cuiden su rebaño y edifiquen la Iglesia.

Tu pregunta toca un punto muy importante y delicado: ¿cómo elegir el tipo de sacerdote que debes ser? ¿Qué tanto debes permitir que tus gustos y preferencias influyan en tu decisión? ¿Cuáles son las intenciones correctas para elegir una y dejar la otra?

Voy a intentar darte algunos principios que te ayuden en tu diálogo con Dios, pero creo que sería muy conveniente que busques un director espiritual, pues pueden darse algunas circunstancias personales que hay que tener en cuenta y que pueden afectar tu decisión. En este sentido, puede ser interesante que te dirijas a tu párroco, o a un sacerdote de la congregación que te interese, o un sacerdote del seminario diocesano. 

Primero, tenemos que entender que la vocación no es algo que de pronto se le ocurrió a Dios, como si de un día para otro haya caído en la cuenta que estás por terminar el bachillerato y tiene que inventar algo para que te entretengas. De ningún modo. Dios tiene un plan maravilloso sobre nuestras vidas, y lo ha estado pensando con amor eterno. A nosotros nos toca descubrirlo, y ahí es cuando percibimos nuestra vocación: todo parece encajar, aunque a veces duela. Pero hay una pequeña complicación: cuando Dios nos crea, no solo tiene en mente los dones naturales sino también los sobrenaturales (la gracia santificante, la fe, la esperanza, la caridad, los dones del Espíritu Santo) y nos los concede para que podamos realizar nuestra vocación. Lo que esto significa, en la práctica, es que, aunque seremos plenamente felices cuando encontramos nuestra vocación, no la podemos descubrir mirando solo a nuestros gustos y temores. Tenemos que tener en cuenta también lo que nos dice la fe, que Dios es un Padre que nos ama y quiere lo mejor para sus hijos. ¡Hay que ejercitar la fe, la confianza y el amor que has recibido con el bautismo!

Para esto, necesitamos la ayuda de un director espiritual. Cristo le dijo a Pedro que lo que Él pedía a sus seguidores era imposible para los hombres, pero posible para Dios. Por eso, Juan Pablo II nos repetía incesantemente que no debíamos tener miedo. Así pues, por una parte, tenemos que sobreponernos a nuestros temores y cálculos humanos cuando queremos descubrir nuestra vocación. Por otra, tenemos que tener presentes nuestros talentos y debilidades (la gracia de Dios perfecciona la naturaleza humana, pero no la destruye) y los anhelos espirituales que Dios pone en nuestro corazón. Por ejemplo, el hecho de que te quieras atender a las necesidades de la Iglesia local es un factor de mucho más peso en el discernimiento vocacional que el deseo de aprovechar la estabilidad del sacerdocio diocesano para estar más cerca de tu familia, amigos y ambiente.

Para terminar, quisiera abordar dos puntos más que aparecen en tu pregunta. Dices que una parte de ti quiere ingresar a una congregación para entregarte plenamente y otra quiere la estabilidad del sacerdocio diocesano. Para ser un sacerdote auténtico, diocesano o religioso, tienes que entregarte plenamente. Cristo es muy claro al respecto: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda sólo, pero si muere, dará mucho fruto. El sacerdocio diocesano es una dedicación completa a Jesucristo. He viajado mucho en los últimos años y convivido con muchos sacerdotes diocesanos que se levantan temprano cada mañana para hacer su oración fielmente, que enseñan y predican, que están disponibles para atender a un moribundo a cualquier hora de la noche, confiesan durante horas, entrenan a los laicos de sus parroquias para que les ayuden en los diversos aspectos de la pastoral, que sufren con los que sufren, y que son felices incluso cuando tienen un fuerte dolor de cabeza para hacer que la caritas parroquial funcione. No podría escribir todo lo que hacen por amor a Cristo, a su sacerdocio y a sus fieles. En relación a la estabilidad, hay dos tipos de estabilidad: una es el estar más o menos en una misma zona geográfica, la otra, es la estabilidad de una comunidad, su espiritualidad y su apoyo.

Sinceramente, Paco, creo que lo que más necesitas es hablar de corazón a Corazón con Jesús. Uno de los mejores momentos es justo después de la comunión, pero también puedes visitarlo en cualquier momento del día en el Sagrario, o incluso hablar con Él en tu intimidad, en donde está presente por la gracia santificante. Pregúntale con sencillez cómo puedes amarlo y servirlo más, qué tipo de dedicación total a su amor espera Él de ti, si sacerdote diocesano o religioso. Reflexiona con Él sobre las necesidades de la Iglesia y de la humanidad y percibe cuáles son las que más eco encuentran en tu corazón. No tengas miedo de visitar el seminario diocesano o casas de religiosos para conocer mejor. Y sobre todo, busca un buen y santo director espiritual, para que tengas el apoyo de un guía experto para caminar por los senderos del Espíritu.

Que María, Madre de los sacerdotes, te acompañe en tu búsqueda y te lleve a dar un sí confiado como el suyo.