Rusia: dos pasitos pro vida

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Vladimir Putin, presidente ruso, ha promovido leyes en favor de la vida, para contrarrestar la crisis demográfica que vive su nación. No se permitirá abortar después de la semana doce de embarazo, dictaminó el parlamento ruso este 21 de octubre de 2011.

Después de noventa años, Rusia, se dio cuenta del mal cometido. En 1920, Rusia, Vladimir Lenin se vanagloriaba de dirigir la primera nación que legalizaba el aborto a nivel mundial. Para 1960, las leyes abortivas se hicieron aún más libertarias. Pero no fue hasta el 21 de octubre de 2011 que una sociedad rusa diezmada por el flagelo del aborto reconoce su error. Un promedio actual de 1,4 hijos por familia que ni siquiera garantiza el reemplazo generacional, pero sí el envejecimiento constante de un pueblo.

En Rusia, los abortos superan a los nacimientos. En 2004, 1,6 millones de mujeres abortaban contra 1,5 millones que daban a luz. Ante esta alarma demográfica, el gobierno de Vladimir Putin ha tomado cartas sobre el asunto. El objetivo: elevar la tasa de natalidad al menos un 30% en los próximos tres años. Todo esto respaldado con una fuerte inversión de 1,5 billones de rublos.

La ley da dos pasos –milimétricos- en favor de la causa pro-vida, pero avances al fin: se restringe el plazo para abortar legalmente de la semana 12 a la 22, y se estipula un período de dos a siete días -"la semana de silencio"- para reconsiderar la decisión de interrumpir el embarazo.

Además de restringir el aborto, Rusia también ha creado un “capital materno”. Las madres recibirán cerca de diez mil dólares americanos por hijo, una estrategia para incentivar los nacimientos.

En el parlamento ruso, se gestiona un proyecto de ley para descalificar publicitariamente al aborto, promoviendo una campaña pro-vida. Por su parte, los miembros de la Iglesia Ortodoxa exigen el consentimiento del esposo o de los padres de una menor de edad que desea abortar y promueven la objeción de conciencia de los médicos. Ambas iniciativas eclesiales no han sido aprobadas por el parlamento ruso.

De acuerdo con las estadísticas oficiales, las mujeres rusas se someten a una media de dos abortos en su vida. Un 20 por ciento de las parejas son incapaces de tener hijos debido a abortos mal practicados. No obstante, el número de abortos se ha reducido en los últimos años, ya que en 2005, era de 104,6 abortos por cada cien nacimientos, y en 2010, fue de 58,7 por cada centenar de partos.

La realidad rusa contrasta con los países en subdesarrollo, donde las compañías abortivas promueven sus campañas bajo la bandera de la sobrepoblación mundial.

¿Queremos repetir la historia de un pueblo herido por el suicidio social del aborto? ¿O lo único que interesa es el dinero que produce ese “negocio” tan lucrativo? Los hechos golpean, pero a veces lo único que verdaderamente enseña es la propia experiencia.