La "revolución" del Opus Dei

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Yo conocí a los 18 años. Mi padre me preguntó:
-“¿Qué es el Opus Dei?”.
- “Se trata de ser santos en medio del mundo, a través de tu trabajo ordinario”, le contesté.
-¿Y qué se necesita para ser santos?
-Querer vivir las virtudes humanas y la fe.
Y a partir de entonces, cuando le preguntaban:
-¿A dónde está tu hija?
-Se fue con los santos, contestaba.
No hay santos en la tierra, sino personas que luchan, con la asistencia de Dios, por serlos. Cada fiel que pertenece al Opus Dei, en la medida de sus posibilidades, trata de llevar a la práctica la promoción de la llamada universal a la santidad entre toda clase de personas.
En México, la Obra se encuentra en Monterrey, Guadalajara, Culiacán, Hermosillo, León, San Luis Potosí, Querétaro, Aguascalientes, Estado de México, Culiacán y Chihuahua.
Lo “revolucionario” del espíritu del Opus Dei es que se busca el cambio de la sociedad a través del cambio personal, no social. Se trata de luchar en el corazón de cada uno para ser más sincero, más responsable, más alegre, más consciente, menos egoísta y menos iracundo.
Lo principal es el apostolado personal –preocupación por los demás- que desarrolla cada uno y cada una, entre sus familiares y amigos. Otras veces, unidos a otros ciudadanos, se promueven labores asistenciales y educativas; así han surgido, entre otras, la Escuela Femenina de Montefalco para jóvenes indígenas y la Escuela Meyalli, en el Valle de Chalco, para niñas del entorno.
A esta institución de la Iglesia Católica pertenecen clérigos y laicos, pero los clérigos no llegan al 2% de sus miembros.
El espíritu de la Obra de Dios implica un gran respeto de la autonomía de los laicos. Esto es, no son “agentes” del clero, sino personas que responden a una llamada de Dios para vivir en el mundo con plena libertad y responsabilidad, con libre iniciativa en sus trabajos, mientras ejercitan sus habilidades intelectuales, artísticas, manuales y científicas.
La visión del matrimonio como camino de santidad resulta una “revolución” para muchos que pensaban que sólo el celibato era camino de santidad. Los fieles de la Prelatura del Opus Dei forman su criterio con libertad, alimentado con la doctrina de Jesucristo. En lo opinable cada miembro decide por sí mismo, de modo que el Opus Dei no es de derechas, ni de izquierdas.