¿Qué se celebra en Navidad?

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Todos conocemos el famoso libro de Charles Dickens “Un cuento de Navidad”. Es la historia de un viejo egoísta y avaro que, en vísperas de Navidad, se le aparece el fantasma de su socio, para decirle lo que sucederá con su espíritu cuando él muera, si no cambia.

Posteriormente, lo visita el espíritu de la Navidad pasada para hacerle recordar lo triste que fue su niñez.

Después, el espíritu de la Navidad presente lo lleva a ver cómo están celebrando la Navidad su sobrino y su empleado.

Y, por último, es visitado por el espíritu de la Navidad futura, que le muestra cómo será el día de su muerte.

El cuento termina cuando este viejo, después de estas visitas, descubre el verdadero sentido de la Navidad: el amor y la paz.

Hoy como ayer. 

Este cuento nos hace reflexionar sobre la Navidad, su sentido y cómo cada uno la vive.

Cada diciembre se llena de luz y color la ciudad entera, en los hogares se hacen los preparativos necesarios para las fiestas y en las casas se busca el rincón ideal para acomodar el pino y lucir el Nacimiento.

Los niños ilusionados hacen una larga lista para Santa Clós y los Reyes Magos. Es temporada de convivencia familiar, posadas y piñatas, pastorelas y villancicos.

Pero hoy, al igual que en el cuento de Dickens, no todos disfrutan del sentido de la Navidad, hay algunos que como ese viejo avaro no han encontrado el porqué de la Navidad.

¿Por qué se celebra la Navidad?

Desde que se comenzó a celebrar la Navidad en el año 354 d.C., la festividad es para conmemorar la venida de Dios a la Tierra.

La manera en que se expresa la alegría por este acontecimiento ha cambiado con el tiempo, cada pueblo le ha plasmado su propia personalidad pero la esencia sigue siendo la misma: el nacimiento del Niño Jesús.

¿Por qué Dios se hizo niño para nacer como cualquier otro? Por la simple razón de que ama inmensamente a la humanidad, por eso la Navidad es la celebración del amor.

El nacimiento de Cristo representa el vínculo que se forma entre el amor de Dios y el ser humano.

Cuando se descubre el amor de Dios y se le corresponde, no se puede dejar de celebrar con alegría y regocijo la Navidad.

El viejo del cuento, al darse cuenta de que el amor es el verdadero sentido de la Navidad, cambió toda su amargura y tristeza en alegría.

Para encontrar la paz. 

La Navidad, además de amor, es paz. La noche en que nació Jesús en Belén, los ángeles anunciaron a los pastores la Buena Nueva, el mensaje fue de “paz en la tierra”.

¿Qué es la paz?

Fulton Sheen, en su libro “Del Pizarrón del Ángel”, dice que “el don de paz de la Navidad es el desarrollo de los lazos de una triple cadena, primero que une a la persona con Dios, después consigo misma y después con el prójimo”.

Si se reflexiona en las palabras de Sheen, para poder tener la paz hay que buscar la reconciliación con Dios, con uno mismo y con los demás.

El viejo del cuento de Dickens tuvo que encontrar dentro de sí mismo el amor, que es entregarse y buscar lo que a otro pueda hacer feliz.

La Navidad es una excelente oportunidad para acercarse, olvidar y perdonar. Es el momento ideal de hacer de la celebración una verdadera noche de paz, como lo pudo hacer el viejo del cuento después de que comprendió que tenía que pedirle perdón a todos aquellos a los cuales había tratado mal.

Una fiesta para compartir. 

Compartir significa dividir lo que tengo con alguien. Por un lado es dar, y por el otro recibir de manera recíproca.

En la celebración de la Navidad el compartir es esencial, no sólo lo que se tiene, sino lo que se es.

Jesús vino al mundo a dar a manos llenas su amor a quienes lo quisieran recibir, pero no basta con que Dios nos ame, hay que recibir ese amor, corresponderle y trasmitirlo a otros.

Los que leyeron el cuento de Dickens o vieron alguna película sobre el mismo recordarán que el sobrino del viejo avaro va a invitarlo a cenar, avisarle que se había casado y a desearle feliz Navidad, y él lo despide diciéndole que no hay otra cosa más tonta que enamorarse y desear feliz Navidad.

No bastan las buenas intenciones del sobrino y sus deseos de agradarlo si el viejo no quiere recibir nada. Depende de cada uno y de la actitud que se tenga para poder descubrir en la Navidad el amor, la alegría y la paz.

La Navidad es un regalo. 

Jesús vino al mundo como un regalo para todos, y las personas agradecidas han correspondido con regalos para el niño Dios, desde los magos de oriente hasta los pastores.

Hasta la fecha siempre ha habido quien realmente ha abierto generosamente su corazón a la venida del Señor y ha demostrado ese amor en su prójimo, porque nadie puede amar a Dios si no ama a su hermano.

Cuando el viejo del cuento de Dickens se dio cuenta del sentido de la Navidad, fue a darle un obsequio a su empleado y a visitar a su sobrino, porque es dando como realmente se recibe, y no me refiero únicamente a cosas materiales, sino a uno mismo como persona, una sonrisa, un saludo, un consejo...

Nunca es tarde. 

No importa cómo se haya vivido la Navidad hasta hoy, nunca es tarde para reflexionar y hacer un cambio en nuestras vidas.

No es tarde para celebrar esta última Navidad con el verdadero sentido de ella, que es el amor, recordar el nacimiento de Dios y así poder tener en paz una muy, pero muy feliz Navidad.