¿Qué puedo hacer para ser casto?

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¿Qué puedo hacer para ser casto?

Jorge Eduardo pregunta:

Últimamente he estado pensando mucho en el sacerdocio. Sin embargo, todavía tiendo a pecar contra mi cuerpo. Algunos dicen que estos actos egoístas para buscar el placer son parte del crecimiento y que son algo normal, pues el cuerpo está lleno de hormonas y las pasiones surgen con cierta violencia. Un amigo me confió que un sacerdote le había dicho que la masturbación no era pecado si no abusamos de ella ni dañamos a nadie en el proceso. Es verdad que uno se siente menos nervioso después de hacerlo, pero sigo convencido de que está mal. ¿Cómo puedo superar esto? ¿Cómo logra un sacerdote vivir su pureza corporal? Estas preguntas son el tipo de temas que por lo general se evita en las homilías Sé que la oración es muy importante y que mantenerse permanentemente ocupado ayuda, pero, además de esto, ¿qué puedo hacer para ser casto?

Muy querido Jorge Eduardo,

Primero veamos si el consejo que recibió tu amigo coincide con lo que la Iglesia enseña, y después pasamos a algunos puntos prácticos.

El Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2352) nos dice que «el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles (por ejemplo, tú sigues convencido de que está mal aún no obstante lo que te dijo tu amigo), han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine».

Esto quiere decir que la masturbación en sí misma es materia grave. Pero para que haya un pecado mortal, además de la materia grave se requiere pleno conocimiento y pleno consentimiento. El Catecismo dice que para juzgar la responsabilidad moral del individuo (y por lo tanto, la gravedad del pecado que comete) « ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral».

¿Y qué debes hacer desde aquí? Creo que en primer lugar tienes que darte cuenta que tienes dos grandes puntos a tu favor. Primero, tu conciencia funciona, pues sabes lo que está bien y lo que está mal y no te inventas excusas para justificarte, y segundo, quieres cambiar. Esto es determinante.

En segundo lugar, tienes que aceptar que estás luchando contra un hábito que tiene que ver con instintos profundos que son parte de nuestra naturaleza humana. Así que el cambio no se dará ordinariamente en un abrir y cerrar de ojos: requerirá paciencia Pero no una paciencia pasiva, que no hace nada, sino más bien un propósito firme, renovado cada día de trabajar, sabiendo que el progreso quizás tarde más de lo que quisieras. En cierta forma, estas reconstruyendo el hombre que eres.

En tercer lugar tienes que ver la belleza de lo que quieres ser. Independientemente de lo que Dios quiere quiera que seas: esposo y padre, o sacerdote, tú quieres ser puro, dueño de ti mismo, capaz de entregarte totalmente y ser lo mejor que puedas para la persona o la Persona a quien entregarás tu vida. Ten fresco delante de los ojos el ideal y lucha por conquistarlo: un esposo y padre fuerte y fiel; un sacerdote fuerte y fiel.

Ahora pasamos a algunas cosas prácticas. Con cierta frecuencia un chico ha adquirido el hábito de la masturbación antes de darse cuenta de que está mal, así que tiene que vencer un hábito. Un hábito se forma repitiendo ciertas acciones, y se vence sustituyéndolas con otras acciones. Lo que puede ser frustrante de los hábitos es que los hacemos sin pensar, y cuando nos damos cuenta de ello ya hemos hecho lo que queríamos evitar. Es como una persona que quiere quitarse un tic nunca sucede de un día para otro. Cada vez que te detienes antes de ceder a tus pasiones, cada vez evitas las ocasiones, te vas acercando a formar el hábito de la pureza y del dominio de ti mismo. Tienes que pensar más en estos pequeños pasos positivos que en tus fallos.

Haciendo esto, empezarás a reducer la frecuencia de tus caídas. Junto a esto, tienes que asegurarte que reduces tu contacto o evitas lo que puede estimular tus pasiones (lo que lees y observas, las conversaciones con tus amigos, lo que piensas, las páginas de Internet que visitas)

Y sobre todo, debes asegúrate que no te obsesionas con el problema. Aprende a mandar a volar la tentación y poner tu mente en otras cosas; asegúrate que tu vida es saludable, con suficiente ejercicio, buenas amistades. No hagas cosas que podrían ponerte en una situación de depresión, melancolía, tristeza. Evita la pereza o el no hacer nada.

En todo este esfuerzo, es decisivo que no luches solo. Pide a Dios su ayuda. Acércate frecuentemente a la confesión, participa en la Misa incluso entre semana y recibe a Cristo en la comunión. Confía tu pureza a María y, sobre todo, busca conocer a Jesucristo y corresponder a su amistad.

Que Dios te bendiga.