¿Qué necesito para ser diácono permanente?

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¿Qué necesito para ser diácono permanente?

Marcelo pregunta:

Soy un hombre casado desde hace 15 años. Tengo 3 hijos y una esposa estupenda. Yo tengo 38 años. Esta semana santa he estado misionando zonas rurales con Familia Misionera y Dios me ha concedido la gracia de aceptar (finalmente y después de muchos años) mi vocación a ser diácono permanente. No quiero otra cosa que ser servidor de los demás como Cristo, con la ayuda de la gracia del diaconado. ¿Qué pasos concretos debería seguir para ser diácono permanente?

Muy estimado Marcelo,

Felicidades por haber abierto tu corazón a esa invitación que Cristo te venía haciendo desde hacía ya tiempo. No cabe duda que, cuando uno comparte la fe, ésta se fortalece y el Espíritu Santo  nos toca para transformarnos y sacar amor de todo lo que hacemos.

Creo que lo primero que hay que hacer para emprender el camino hacia el diaconado es que hables con tu esposa sobre esta inquietud por recibir el sacramento del orden como diácono. Ella tiene que estar de acuerdo y estar dispuesta a que asumas las responsabilidades pastorales que este ministerio implica. Si ella prefiere que no lo hagas, habrá que orar y sacrificarte para que lo acepte, pero sin su consentimiento no es prudente dar el paso.

No obstante lo que pueda decir tu mujer, es de vital importancia que hables con un sacerdote de tu confianza, o, mejor aún, con tu obispo o alguno de sus representantes para que él te informe del proceso formativo concreto que hay que seguir para prepararse al diaconado. Esta formación incluirá aspectos de estudio de teología y algunas otras materias, pero también de formación humana y espiritual para ser un representante digno de Cristo que no vino a ser servido sino a servir.

Tu obispo, o sus representantes, te podrán dar las pautas necesarias y concretas para poder acceder al diaconado y verificar la autenticidad del llamado que Dios te hace.

En cualquier caso, intensifica tu vida eucarística y tu vida de oración en general, seguro de que ahí el Señor te fortalecerá y te dará la luz para poder seguir con alegría el camino que Él te propone.

En todo esto, no olvides tener muy cerca a María. Ella tiene una especial predilección por quienes sirven a los hermanos, como los servidores (diakonoi en griego) que en Caná prepararon el agua para que Cristo hiciera el milagro de transformarla en vino que alegró el corazón de todos los presentes con una sobreabundancia de generosidad de parte del Señor.

Que Ella te acompañe y conserve fiel en tu propósito.