¿Qué hacer en los momentos difíciles del seminario?

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¿Qué hacer en los momentos difíciles del seminario?

Ricardo pregunta:

 Espero en Dios que se encuentre bien. Soy Ricardo y decidí seguir a Cristo. Entraré al seminario dentro de 4 días. Me imagino que en el seminario habrá momentos muy difíciles, tal vez de crisis de fe o, a lo mejor sentirse sin fuerzas, o incluso miedo de estar en el camino equivocado. Usted, Padre, que ya pasó por esta etapa, ¿qué me aconseja hacer en esos momentos difíciles del seminario? Gracias por su tiempo que nos dedica a los jóvenes que tenemos dudas.

Muy querido Ricardo,

Perdona que me haya tardado tanto en responderte. He estado algo atareado y apenas hoy puedo hacerlo.

En la vida del hombre, independientemente del camino que Dios le marque, siempre hay momentos buenos y momentos de prueba, horas de paz y tiempos de lucha. Pero en todos ellos debe permanecer siempre la certeza de la presencia amorosa de Dios que nos ha llamado a la existencia, ha entregado a su Hijo para salvarnos y quiere que estemos con Él para siempre en el cielo... y además que lleguemos acompañados de muchos hermanos.

En el seminario también aparecen los momentos de dificultad o de "crisis". Pero hay que tomarlas como son. El fundador de mi congregación, el P. Marcial Maciel, escribía en una carta que a veces la estrella puede esconderse detrás de las nubes, pero la estrella sigue ahí... y a nosotros nos toca, como a los reyes magos, caminar en pos de ella aunque no sepamos a dónde nos va a llevar.

Ahora bien, esto puede sonarte un poco teórico... pero vamos a lo práctico:

1. En los momentos de prueba, de oscuridad, hay que redoblar el esfuerzo en la oración, en la cercanía a la Eucaristía y a María. Ahí encontramos luz, consuelo, fortaleza para aceptar la voluntad de Dios. Es lo que Cristo hizo en Getsemaní y así tenemos que ser los cristianos y, especialmente, los sacerdotes y seminaristas.

2. Estar muy cerca del padre espiritual, siendo muy abierto, confiado y sincero; lo mismo con tus superiores. En tiempos de dificultad la claridad y sinceridad son esenciales. Por lo demás, nos hacemos mucho daño si llavamos "dos libros de cuentas".

3. Cuando estás agitado (por sentimientos positivos o negativos) no conviene tomar decisiones importantes. Más bien hay que mantenerse en la misma ruta, y esperar a tiempos mejores. Cuando estés en paz, entonces sí puedes ver con claridad y optar.

4. Hay una serie de cosas que no son negociables. Eso no se discute, basta. La tentación puede querer que lo pongas en la mesa de negociaciones. Ni hablar. ¿Qué cosas? Mi vocación, el amor de Dios, mi amor por la vida de gracia.

5. Busca enamorarte de Cristo cada día más. La vida cristiana no es sólo no hacer el mal, sino sobre todo hacer el bien. Piensa más en Él, en sus intereses, en la salvación de las almas, en la Iglesia... y no tengas tiempo para pensar en ti mismo.

6. Conságrale a María cada día tu vocación sacerdotal. Incluso, si eres valiente, pídele cada mañana, antes de las oraciones de la mañana, que te conceda 24 horas de fidelidad. Es tan poco, que no podrá no dártelo.

Tu peor enemigo, Ricardo, es el desaliento, el creer que ante una falla no puedes rehacerte. Si tienes la desgracia de caer en alguna falta, la que sea, no te desanimes, acude a la confesión y sigue fielmente lo que tu confesor te indique. Pero mil dificultades no pueden hacer nunca una duda sobre la vocación.

Espero que estas ideas te puedan servir. Cuenta con mis oraciones por tu perseverancia. Por favor, reza tú por la mía.