¿Puedo vivir la castidad durante toda mi vida?

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¿Puedo vivir la castidad durante toda mi vida?

Kelo pregunta:

Hola, P. Ricardo,

Después de una plática en un retiro he sentido que Dios me llama a consagrarme a él. Me da un poco de miedo, pero no quiero responderle a Cristo con un no. Sin embargo, me inquieta un poco el hecho que me cueste mucho vivir la castidad. No me puedo imaginar que un día tenga el Cuerpo de Cristo en mis manos siendo que con facilidad cometo actos impuros yo solo y no logro superar este defecto. ¿Cómo puedo vivir la castidad para responder al llamado de Dios?

Estimado Kelo,

Te felicito sinceramente por tu deseo de responderle a Jesucristo y, al mismo tiempo, por tu valentía para afrontar el tema tan delicado de la coherencia en el seguimiento del Señor. Sin duda es una excelente señal que quieras vivir de manera digna del llamado que perciben en tu interior, pero incluso digna de tu condición de cristiano, que es por el bautismo un templo del Espíritu Santo.

 Me preguntas cómo puedes vencer las tentaciones de faltar al respeto a tu cuerpo para emprender el camino del sacerdocio. Quizás te pueda ayudar una imagen que se encuentra en la basílica de San Francisco, en la ciudad de Asís, en Italia:

En ella hay una torre blanca, con una mujer muy hermosa arriba. La torre está rodeada por una muralla, en la que están apostados dos arqueros. Alrededor de la muralla hay un foso, con su clásico puente levadiso y dos soladados de barbas blancas con las espadas desenvainadas. Este fresco, según me explicó un día un fraile, representa la castidad.

Se trata de una virtud muy hermosa y positiva, que hay que vivir con intensidad, pero que también hay que proteger. Por ello está en una torre, y cuando ve desde lejos que viene una tentación (no es verdad que es relativamente fácil darse cuenta de cuando se aproxima una dificultad: imagen, pensamiento, deseo, etc.), avisa y pone en acción a los arqueros, quienes empiezan a disparar al enemigo mientras éste se encuentra lejos. Generalmente el enemigo sucumbe ahí.

Si los arqueros fallan, todavía están los soldados, que tienen la barba blanca porque han peleado muchas batallas... Pero si los soldados fallan y la tentación penetra la muralla, es decir, cuando ya has dialogado con la tentación, difícilmente la virtud podrá huir: ¡está en una torre de la que no hay escapatoria!

Así pues, para vivir la castidad, por una parte hay que vigilar y orar. Tú sabes cuándo te cuesta más vivir esta virtud. Tú conoces cuándo te suelen llegar las tentaciones... pues es entonces donde hay que poner a los arqueros a trabajar. No dialogues. Aquí el más valiente es el que huye.

Ésta es la parte negativa... Además está la parte positiva, que te lleva a amar a Cristo, amar a los demás, a entregarte plenamente a los demás, a tu misión...

Espero que esto te sirva en tu lucha por vivir esta virtud tan hermosa. Ciertamente, tentaciones seguirás teniendo, pero si tú te alimentas seguido de la Eucaristía, evitas las ocasiones de pecado, cultivas buenas amistades, buenas lecturas, ver cosas buenas, se te irá haciendo más fácil. Acude también frecuentemente a la confesión y, si te es posible, habla de estos temas con un buen director espiritual, quien te ayudará a prepararte para responder con valentía al llamado de Dios con esa coherencia que anhelas.

Te encomiendo a María, la Virgen Purísima, para que ella te acompañe en tu lucha por ser dueño de ti mismo y darte sin freno al amor de Cristo.