¿Puede un sacerdote ejercer también otra profesión?

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¿Puede un sacerdote ejercer también otra profesión?

Martín de Jesús pregunta:

Muy querido P. Ricardo,

Tengo una idea muy clara de que Dios me invita a ser sacerdote. A mis 21 años, creo que tengo la madurez suficiente para dejarlo todo y seguirlo. Sin embargo, quería preguntarle si un sacerdote puede ejercer otra profesión, además del sacerdocio. Yo estudio música y estoy a punto de graduarme del conservartorio. Me costaría mucho dejarla, pero estoy dispuesto a ello por amor a Cristo.

Estimado Martín,

Te felicito por tus buenas disposiciones de cara a tu vocación sacerdotal. Cultivar estas actitudes de generosidad es lo mejor que puedes hacer en estos meses de preparación para el seminario. Céntrate, sobre todo en el amor a Cristo, la perla de gran valor por la que vale la pena venderlo todo.

Para responder a tu pregunta, creo que es importante que hagamos una pequeña distinción. El sacerdocio no es una profesión, no es algo que uno "hace" sino algo que uno "es". Por lo tanto, el sacerdote lo es las 24 horas del día, todos los días de la semana y todo el año. Por ello, todas sus acciones cobran un valor salvífico si las hace unido a Cristo queriendo lo mismo que Él.

Las profesiones, en cambio, son cosas que la gente "hace" para ganarse la vida: ser gerente de una empresa, abogado, comerciante, policía, político, militar, etc.

Un sacerdote es elegido de entre los hombres para ser puesto como mediador entre Dios y los hombres. De alguna manera, Dios lo "separa" de las actividades del mundo para que se dedique a las cosas de Dios. Por ello, la acción en el mundo corresponde más a los laicos, con el cometido de evangelizar las realidades temporales: la política, la empresa, el comercio, etc.

Esto no quita que un sacerdote que tenga ciertos conocimientos, por ejemplo, de administración, pueda colaborar a la economía de su diócesis, como ecónomo de la misma, o asesosar a su obispo u otros sacerdotes en este campo. Lo mismo dígase de un abogado, un arquitecto o un igeniero. Pero todo lo hace como sacerdote, con el consentimiento de su obispo o su superior, para no distraerse de lo que es la esencia de su vocación: ser mediador entre Dios y los hombres.

En tu caso específico, creo que la música no es un obstáculo, sino una gran ayuda para tu vocación sacerdotal. No sólo por la belleza de la música en la liturgia, sino también por la sensibilidad especial que ella desarrolla. Creo, sin embargo, que lo más propio no sería dedicarte a dar conciertos, aunque no se exlcuye del todo. Pienso, por ejemplo, en el hermano del Papa Benedicto XVI, Mons. Georg Ratzinger. Él era director del coro de la catedral y el coro a veces daba conciertos...

Pero de nuevo, lo importante del sacerdocio no es lo que hace, sino lo que es. Y todo sacerdote debe ser un amigo de Dios para los hombres.

Te encomiendo.