¿Puede mi adicción a la pornografía afectar mi vocación?

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¿Puede mi adicción a la pornografía afectar mi vocación?

José pregunta:

Estimado Padre,

Creo que Dios me llama al matrimonio, que también es una vocación. Pero tengo un problema: una y otra vez me meto a Internet y veo pornografía. A veces mis amigos me mandan fotos. Sinceramente creo que soy adicto, pues es casi una necesidad encontrar cosas provocativas. Esto luego me lleva a otras cosas. ¿Puede esta adicción a la pornografía afectar mi vocación (al matrimonio)?

Muy estimado José,

Tu pregunta es muy actual, pues, desgraciadamente vivimos en una cultura en la que hay una enorme confusión sobre la sexualidad que repercute en todos los ámbitos de la vida social. Las enfermedades venéreas, el abuso sexual a menores, redes de depredadores en Internet, el divorcio y la cohabitación son sólo algunos de los indicadores que delatan una sociedad disfuncional y que están a un nivel muy alto. Pero una de las causas de todas estas tragedias está en una industria de billones de dólares que contamina nuestros hogares a través de Internet o alguno de los medios de comunicación.

Para responderte, voy a aprovechar algunos puntos de un artículo de Mons. Charles J. Chapul, de Denver, Colorado, pues me parece que es muy certero en sus comentarios.

 La pornografía envenena el corazón humano, la imaginación y el alma tanto como podía hacerlo una fábrica de algún país comunista antes de la caída del telón de acero o el derrame de crudo de un barco que naufraga como los tristemente famosos Exxon-Valdez en Alaska o el Prestige en Galicia. Sólo que sus consecuencias son mucho más devastadoras.

Algunos se excusan diciendo que la pornografía no daña porque es un asunto personal, que uno hace solo. Pero tú mismo, con tu pregunta y tu temor por tu futuro, te das cuenta de que la pornografía nunca es un modo inocente de entretenimiento, aunque parezca que pueda ser algo privado. La pornografía convierte a seres humanos en objetos. Hace burdos e incluso rudos nuestros apetitos y pasiones. Oscurece nuestra habilidad para percibir la verdadera belleza humana, especialmente la belleza del cuerpo humano. También suscita expectativas imposibles sobre la intimidad sexual. Mata la posibilidad de un romance y amistad duraderos entre los sexos. Y, finalmente, es todo una mentira y una trampa. La pornografía es una caricatura, un intento de copia barata, rápida y vacía de la realidad: la alegría de la intimidad sexual entre un hombre y una mujer que han unido sus vidas por amor en el matrimonio.

Como puedes percibir, la pornografía es un veneno para el corazón. Independientemente de tu vocación, sea al matrimonio o al sacerdocio, tienes que tomar la decisión seria de dejar de usar este veneno, pues te daña seriamente. No es por ser puritanos, sino porque de verdad frena tu capacidad de amar y te hace una persona inmadura.

Te recomiendo mucho la carta del obispo Mons. Robert Finn, de Kansas City, Estados Unidos, en la que informa de los fines de la pornografía, revela el daño que hace a las personas que acceden a ella y da algunas sugerencias muy válidas para lograr superar una posible adicción. La puedes encontrar en www.diocese-kcsj.org.

Acércate a María, la Virgen Purísima y Madre del Amor hermoso. Que Ella te ayude en tu lucha para tener un corazón puro y así poder ver a Dios y reflejar su presencia en un mundo que tanto lo necesita. Esto será lo mejor que puedes hacer para poder emprender el camino para servir al Señor el regalo más hermoso que puedes darle  a tu mujer y a los hijos que Dios quiera concederte.

Cuenta con mis oraciones.