¿Puede Dios quitarme la vocación porque tengo problemas para mantenerme puro?

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¿Puede Dios quitarme la vocación porque tengo problemas para mantenerme puro?

Jose Alberto pregunta:

Estoy en un proceso de discernimiento de mi vocación. Creo que Dios me puede llamar al sacerdocio. Sin embargo, siento que mi vocación se va esfumando porque tengo problemas para mantenerme puro. ¿Puede Dios quitarme la vocación por mis actos y pecados?

Querido José Alberto,

No quisiera entrar en el problema teórico de si Dios podría o no quitarte la vocación por tus actos. Dios es Dios y los dones que dan son irrevocables, es decir, no se arrepiente de haberlos hecho. Pero detrás de tu pregunta hay otra de carácter práctico-existencial: ¿debo seguir por el camino de la vocación al sacerdocio teniendo estas dificultades? ¿merece la pena incluso intentarlo si no logro ser dueño de mí mismo y de mis pasiones?

Evidentemente un mensaje como éste no es el mejor lugar para poder resolver estas interrogantes. Por ello, te daré algunas pistas para que analices este tema con tu confesor o tu director espiritual, de manera que puedas llegar a conclusiones adecuadas que puedan guiar tu vida y definir el modo en que Cristo quiere que le sigas.

En primer lugar habría que analizar si estas dificultades las has tenido desde hace tiempo o si han empezado recientemente, si te has encontrado con ellas cuando estabas ya en un proceso de discernimiento o ya las tenías antes. En el caso de que haya empezado hace poco esta dificultad, convendría descubrir qué ha sido lo que las ha "desencadenado"; si más bien es algo con el que llevas tiempo "convivendo", sería prudente determinar si las estás combatiendo, cómo, y qué progresos has logrado para ir venciendo. También sería importante que vieras con tu director espiritual o confesor la naturaleza de estas faltas: si son sólo de pensamiento o si también lleva a actos; si tienen que ver con el uso de internet u otros medios de comunicación; si son actos a los que te entregas solo o acompañado, y si con otras personas si es con alguien de distinto sexo o del mismo, etc. Un factor que también es decisivo es la frecuencia con la que aparecen en tu vida estas caídas: no es lo mismo un fallo por despiste, debilidad momentánea o, incluso, falta de conocimiento de ti mismo, que un hábito bien arraigado.

Ayudaría mucho también que examinaras la raíz de donde provienen tus faltas. A veces las caídas en el campo de la castidad no tienen su origen en la lujuria, sino en factores como el uso (o abuso) del alcohol, la presión de los amigos, etc. También conviene que conozcas y hables de posibles influencias que te llevan a perder tu pureza: amigos, sitios de internet que visitas, lugares que frecuentas, etc. Aunque en este caso no se trate de la "raíz" de las faltas, sí pueden constituir ocasiones de pecado, en las que puedes ponerte en peligro.

Al analizar estos puntos con tu director espiritual u orientador vocacional, tú podras decidir prudentemente si conviene que intentes el camino del sacerdocio o bien si es mejor que des por concluido el proceso de discernimiento. Incluso un joven que pudiera estar ya en el seminario, pero que no lograra superar estos aspectos, debería diferir la ordenación sacerdotal hasta que tenga bien afianzada la virtud de la pureza o, incluso, si no logra avanzar, servir al Señor en otro camino.

Hay otra parte de la pregunta sobre la que quisiera prevenirte... El sentimiento de que tu vocación se "esfuma" no puede ser nunca visto como un castigo de Dios por tus pecados. Dios no es vengativo. Como decía al inicio, Él da sus dones incondicionalmente. Lo que sí podría ser es que, por tus faltas, puedas ir descubriendo que lo que Dios te pedía realmente no era el camino del sacerdocio... pero no es que te quite un don. Si fuera así, fácilmente caeríamos en la desesperación.

Por otra parte, Dios no quiere que vivamos anclados al pasado. Más bien, quiere que, como san Pablo, dejemos de lado lo que ha quedado atrás, y nos dispongamos a vivir y amar en el momento presente, para tratar de alcanzar a Cristo, que nos ha alcanzado primero. Así, si nosotros "metemos la pata", como se dice vulgarmente, en el cumplimiento de la misión, Dios sigue trabajando y puede sacar bien del mal, darnos una misión nueva partiendo de la que nos había dado y que nosotros no supimos cumplir. Así trabaja Dios, y así hay que vivir, llenos de esperanza.

Perdona que me haya alargado tanto. Ten la seguridad de que te encomendaré para que seas un hombre puro, de una sola pieza, capaz de amar a Cristo como Él quiere que lo ames.