¿Puede Dios llamarme aunque tenga caídas?

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¿Puede Dios llamarme aunque tenga caídas?

Tirso pregunta:

Padre Ricardo:

Hace unos meses fui a un grupo de oración y desde entonces siento en mi corazón que Cristo me llama para que sea su sacerdote. Sin embargo, al mismo tiempo, yo mismo me digo que no puede ser pues fácilmente tengo caídas en el campo de la castidad (yo solo). Tengo 16 años. ¿Puede Dios llamarme aunque sea un pecador? ¡Gracias por su ayuda!

Querido Tirso,

En primer lugar quiero agradecerte la sinceridad con la que haces tu pregunta. Y la respuesta es más bien sencilla: Sí, Dios puede llamarte aunque seas un pecador. Así le pasó a San Pablo, que perseguía a la Iglesia, a san Agustín, a santa María Magdalena y a tantos otros santos que hoy veneramos. No eran santos cuando Cristo los llamó, pero emprendieron el camino hacia la santidad y, con la ayuda de la gracia, la conquistaron.

Ahora bien, como tú bien intuyes, todo hombre está llamado a vivir la castidad, por la que integra plenamente en su persona su sexualidad. La castidad se vive de diversos modos: como casado, como soltero, como alma consagrada... pero todos debemos vivirla.

Es común que en la adolescencia se sientan con gran fuerza las pasiones. Sin embargo, es muy importante tener presente que Dios nunca permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. Por ello, aunque la tentación sea intensa, siempre podemos vencer con el auxilio del Señor.

Independientemente de la existencia o no de un llamado al sacerdocio, Cristo quiere que seas un joven normal y feliz, y por ello te lanza el reto de vivir tu castidad. Para lograrlo, te invitaría, por una parte, a acercarte con mayor frecuencia al sacramento de la Eucaristía y, también, al de la confesión. Incrementa además tu trato con la Virgen María, nuestra Madre purísima, para que ella te enseñe a mantener tu alma y tu cuerpo puros.

Además de los medios sobrenaturales, tienes también medios naturales, como son los pequeños sacrificios (especialmente de la comodidad), el deporte y ejercicio físico, las buenas amistades, etc.

Por otra parte, conviene que evites todo aquello que pueda despertar tus pasiones y ser ocasión de pecado: lecturas, conversaciones, sitios de internet, música, programas de televisión, ciertas amistades, etc.

Además, en el campo de la castidad, las tentaciones hay que afrontarlas de una manera muy simple: huyendo. No les des importancia, dedícate a lo que te tienes que dedicar. Aquí la derrota se mete cuando empezamos a dialogar con la tentación: "un poco nada más", "yo ya me sé controlar", "si no puede estar tan mal", etc.

Finalmente, Tirso, sería muy bueno que hablaras con tu confesor, para que él te ayude a poner los medios más eficaces para no sólo evitar las caídas, sino para que vivas tu sexualidad con alegría y gratitud a Dios por un don tan grande, y, sobre todo, con paz y serenidad, como Él lo ha pensado.

Si Dios te llama a ser sacerdote, conviene que te prepares lo mejor posible y que vayas logrando vencer los malos hábitos que pudieras tener. No importa que seas un pecador, si amas la lucha y no la caída. Sé claro y abierto con tu confesor y él te ayudará a discernir si de verdad el Señor te llama. No dejes morir esta inquietud. No es cuestión de dignidad, sino de predilección de Dios.

Eso sí, si ves que, aún luchando y poniendo los medios que te va aconsejando tu confesor o director espiritual, no logras evitar estas caídas, quizás Dios te pida que lo sirvas por un camino distinto al del celibato. Pero no está dicho que no puedas vencer, más bien, me atravería a decir, que con Cristo la victoria es tuya, aunque hayas perdido hasta ahora muchas batallas.

Cuenta con mis oraciones.