Propuesta de matrimonio homosexual en Gran Bretaña: ¿prohibido disentir?

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Después del revuelo que ha suscitado en Twitter, decidí leer el artículo que el cardenal escocés Keith O’Brien publicó en The Sunday Telegraph sobre la propuesta de matrimonio entre personas del mismo sexo que baraja el partido conservador británico. De la lectura del artículo deduzco dos cosas: 1) que la gran mayoría de los que lo comentan (y, por desgracia, le insultan) no lo han leído; 2) que sobre las cuestiones gays está prohibido disentir.

Esperaba un artículo agresivo y antipático. Me encuentro con un texto razonado en el que su autor  expresa un punto de vista firme pero sereno. Presenta su opinión en vista de las consultaciones que sobre el tema promoverá durante este mes el gobierno en la opinión pública británica. Como cualquier otro ciudadano, el cardenal también tiene derecho a hablar. Parece que a algunos esto les molesta, y temo que esa actitud indica la tendencia discriminatoria de quien se siente propietario de la sociedad.

Parece que la idea central del texto se refiere a la motivación y efectos de la ley. Dice el cardenal que “teniendo en cuenta que las parejas homosexuales ya gozan de todos los derechos jurídicos del matrimonio, está claro que la propuesta no trata de derechos, sino que se configura más bien como un intento de redefinir el matrimonio para toda la sociedad, siguiendo una orden impuesta por una pequeña minoría”. En la segunda parte incluyo otras tres o cuatro ideas, entre ellas el hecho de que el matrimonio es una institución anterior al estado y al gobierno.

La aceptación del matrimonio homosexual no está, por tanto, relacionada con la proverbial tolerancia (que cada uno haga lo que quiera), pues esa decisión me influye también a mí: el siguiente paso –como ya ocurre– es el adoctrinamiento gay para toda la sociedad, empezando por los programas escolares (fábulas y cuentos con amores homosexuales desde tierna edad), pues la enseñanza se deberá adaptar a lo reconocido afirmativamente por la ley.

Si lo que se busca es debatir la cuestión, O'Brian ofrece interesantes puntos de reflexión. Pero tal vez no son muchos los que buscan la confrontación.  

Sintetizo lo que me parecen otras ideas interesantes:

- La Declaración universal de los derechos humanos, en su artículo 16, define al matrimonio como una relación entre hombres y mujeres. Y es que “el matrimonio precede de mucho la existencia de cualquier estado o gobierno. No ha sido creado por los gobiernos y no puede ser modificado por ellos”. El cardenal recuerda a este propósito que todos los niños merece iniciar la vida con un padre y una madre”.

- “Si es posible redefinir el matrimonio de modo que no indique ya un hombre y una mujer, sino dos hombres o dos mujeres, ¿por qué pararse ahí? ¿Por qué no permitir a tres hombres, o a una mujer y dos hombres, formar un matrimonio si se prometen fidelidad recíproca?”

- Que el gobierno diga que las diversas confesiones religiosas tienen libertad para reconocer o no el matrimonio homosexual es arrogante, pues “ningún gobierno tiene la autoridad moral para desmantelar la interpretación universalmente reconocida del matrimonio”. Es como si legalizara la esclavitud, pero nos aseguraran que no estamos obligados a tener esclavos: esas palabras tranquilizadoras no aplacarían nuestra furia ante el desmantelamiento de un derecho humano fundamental (ese ejemplo ha provocado que la mayoría de los comentarios sostengan que el cardenal "compara el matrimonio gay con la esclavitud"...).a