¿Por qué ya no siento la vocación?

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¿Por qué ya no siento la vocación?

Marcos pregunta:

Querido P. Ricardo,

Desde que era niño sentía que Dios me llamaba a ser sacerdote. Lo que más me gustaba era a veces jugar a celebrar misa y darle la homilía a mis amigos. Ahora estoy en el último año de la preparatoria y todo eso ha quedado atrás. No obstante, la certeza de que Dios me llama sigue presente... Aunque parece como si Él estuviera ausente. Ya no lo siento como antes en la Misa, en la capilla. Me aburro un poco rezando el rosario. Parece que entre Dios y yo se elevó un muro que no logro quitar... Es verdad que llevo mucho tiempo dándole largas a Dios, pero, ¿me habrá abandonado? ¿Será que no tengo vocación?

Estimado Marcos,

Es muy normal que pueda sucederte lo que estás pasando, por lo que creo que no tienes porque alarmarte. Dios es muy buen maestro y amigo y quiere que lo amemos por quién Él es, y no tanto por "bonito" que podemos sentir de estar con Él.

Imagínate que tienes una novia a la que tú le haces un regalo muy grande. Ella te corresponde. Le haces otro regalo, aún mejor. Ella sigue correspondiéndote. Pero, podría asaltarle la duda: ¿Esta chica está enamorada de mí o de los regalos que le doy? Dios no quiere amigos "interesados" y por eso permite que podamos pasar por momentos en los que no lo sentimos en la oración.

Un sacerdote que tiene fama de santo le dijo una vez a un joven que pasaba una situación semejante a la tuya que más que entristecerse, debería alegrarse de que Dios ya no lo trataba como niño, sino que le tenía tanta confianza que empezaba a tratarlo como a un hombre. Es decir, lo invitaba a un amor más recio, más fuerte, más fiel.´

Esto no quiere decir que ya no tengas vocación, lo que quiere decir es que Cristo quiere que estés más cerca dé Él, que lo busques a Él con pasión, como el hombre sediento en un desierto. Por ello, no dejes la oración ni los sacramentos. Pídele a Jesucristo que te aumente la fe, para que puedas descubrirlo y entregarte a Él aunque no sientas nada.

Finalmente, te recomiendo que hables con un buen director espiritual y que, en estos momentos de sequedad, no tomes ninguna decisión importante. Es decir, si habías ya decidido ir al seminario, no cambies de decisión ahora, sino hasta que estés en un momento "bueno", y, para no errar el camino, hazlo con mucha confianza en María y en tu director espiritual.

Cuenta con mis oraciones para que perseveres en la fe, como San Pablo, que entre más débil se sentía, se sabía más fuerte.