¿Por qué son tan largas las misas?

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¿Por qué son tan largas las misas?

Creo que hay dos motivos por los que las misas se nos pueden hacer largas, el primero es porque no sabemos a lo que vamos. Si nosotros estamos parados ahí porque queremos o tenemos que cumplir un mandamiento, definitivamente que se te va a hacer larga la misa. Si a esto le agregamos que no conocemos el sentido de todos los signos de la misa y además no sabemos qué partes tiene la misa y porqué las tiene, pues claro que se nos hará larga. Imagínate que vas a ver una obra de teatro en un idioma que no conoces, por más corta que sea se te hará larga, y peor aún, no la vivirás ni la disfrutarás.El segundo motivo de que nos parezcan largas las misas es que muchos sacerdotes no hemos comprendido todavía todo el sentido de la misa y eso provoca que no sepamos trasmitir la experiencia de cada momento de la misa; si a esto le agregamos un sermón largo, un sonido que no se entiende y un calor que no se aguanta, ¡pues claro que se nos hará larga la misa! 

Sin embargo, si recordamos que la Eucaristía es ese encuentro que Dios quiere tener con nosotros, tal vez nos podríamos esforzar por comprender mejor lo que sucede en ella para que este encuentro se haga realmente realidad. En seguida comento brevemente las partes de la misa para que las comprendas mejor y las puedas vivir de una manera plena. (Intentaré explicar las partes más trascendentales solamente)

I. Acto de contrición (Tiempo para DISPONERNOS interiormente)

Todos nosotros venimos a misa distraídos, pensando en lo que veníamos haciendo o discutiendo, o lo que haremos después, traemos nuestras preocupaciones o nuestras ilusiones. Por eso, al inicio de la misa hay un momento en silencio, para que nosotros nos dispongamos interiormente a escuchar la Palabra de Dios y a recibir el Cuerpo de Jesucristo. Así, este es el momento de pensar en todo lo que hiciste en la semana, bueno y/o malo, de ponerte humildemente frente a Dios y pedirle perdón por las veces en las que no supiste responder a su amor. Este momento se termina con el canto del Señor ten piedad, como signo público de nuestro arrepentimiento. Si tu te arrepentiste de tus pecados veniales o faltas menores, en este momento te quedan perdonados todos esos pecados, para que quedes dispuesto (a) para recibir a Nuestro Señor.El canto del Gloria que entonamos es nuestra manera de dar gracias y gloria a Dios por el perdón recibido.

II. Escucha de la Palabra de Dios (Tiempo para ESCUCHAR)

Este es uno de los dos momentos más intensos de la misa. En este momento Dios se hace presente, verdaderamente presente para hablarnos y guiarnos por el camino que Él nos quiere llevar. En este momento se leen dos lecturas, un salmo y el Evangelio. En cada uno de ellos Dios tiene algo que decirnos. No es el momento de distraernos sino de poner mucha atención y tratar de pensar qué me está diciendo Dios a mí en estas lecturas.Si yo no sé escuchar, tampoco podré vivir lo que Dios me está pidiendo. Por eso es muy importante que cada semana nos llevemos un mensaje para vivirlo.

III. Ofertorio y Consagración (Tiempo de RECORDAR)

El ofertorio es cuando todos se sientan, pasan la limosna y el padre prepara las ofrendas en el altar. Generalmente aprovechamos este momento para distraernos, hacer alguno comentario y esperar a que el padre termine. Sin embargo, este es el momento perfecto para pensar qué le vas a ofrecer a Dios esta semana. ¿Qué hiciste esta semana que puedas ofrecerle hoy a Dios? Es el momento de “voltear a ver nuestras manos” y darnos cuenta qué es lo que traemos como ofrenda para Dios. El catecismo nos dice al respecto: “La Eucaristía es igualmente el sacrificio de la Iglesia. La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza. Con él, ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión ante el Padre por todos los hombres. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo, presente sobre el altar, da a todas alas generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda.” (n.1368)La consagración, es el segundo momento más intenso en la misa. Estamos experimentando la presencia misma de Dios entre nosotros. Esas palabras que el sacerdote dice con tanta delicadeza son las mismas palabras que dijo Jesús a sus discípulos y por ellas Jesús se está compartiendo una vez más en su cuerpo y su sangre. Esto no significa que volvemos a crucificar a Jesús, sino que las gracias que por su muerte y resurrección nos fueron dadas se vuelven a hacer presente para los que estamos ahí en la celebración.

IV. La Comunión (Tiempo de CONVIVIR con Nuestro Señor)

Todo el sentido de la misa llega a su culmen en este momento. Si hemos venido a misa es porque queremos estar en comunión con Dios, porque queremos vivir con Él y hacer su voluntad. Bueno, pues la comunión es el signo más claro y real de esta comunión que nosotros anhelamos. De mucho nos perdemos si asistimos a misa y no comulgamos; es como si prepararas una cena para convivir con tus amigos, pero ya que llegan les dejas todo preparado y tu te vas.Comulgar es el centro de la misa. No podemos permanecer indiferentes cuando pasan semanas y semanas yendo a misa sin comulgar. Nos estamos perdiendo de la mejor parte. Cristo quiere estar con nosotros, Él quiere caminar con nosotros día a día, sin embargo, al no comulgar tu le estás diciendo que a ti no te importa que no esté contigo.“La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él" (Jn 6,56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: "Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn 6,57)”. (1391).