¿Por qué me da miedo pensar en la vocación?

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¿Por qué me da miedo pensar en la vocación?

Jaime pregunta:

Padre, he vivido unas vacaciones un poco agitadas. Mi mejor amigo entró a una congregación religiosa y desde que se fue me he estado preguntando por qué yo no estoy ahí... ¡Si yo lo conozco y sé que es un chico normalísimo!... Lo acompañé en la ceremonia de entrega de hábito y lo veo muy feliz. Me entusiasma pensar que yo pudiera también entrar en esa congregación. Pero también me da terror sólo considerarlo. ¿Por qué me da tanto miedo?

Querido Jaime,

Gracias por tu pregunta. Evidentemente no te puedo dar una respuesta que sea absolutamente certera, pues no nos conocemos. Pero sí te puedo dar algunas pistas según lo que he observado en muchos casos como el tuyo.

Sin lugar a dudas un acto de generosidad de alguien cercano nos impresiona y hace que nos planteemos preguntas que ordinariamente no nos haríamos o que relegaríamos a un lugar de poquísima importancia entre nuestros intereses. Parece que el paso tan valiente que ha dado tu amigo ha causado este impacto en tu alma. Por eso, te invitaría a aprovechar este momento favorable para analizar, con serenidad, si no es Dios el que está insinuándose en tu conciencia y que quizás quiere que investigues si efectivamente no deberías ser tú también un miembro de esa comunidad. Dios se vale del ejemplo de otros en la vida de muchas personas... piensa en san Agustín, que decidió bautizarse después de una experiencia en un jardín, mientras se planteaba porqué si éste y aquél eran cristianos, él no lo era aún.

Impresiona, efectivamente, que quien da el paso es alguien muy normal... y tú lo conoces a fondo.

Pero, ¿por qué el miedo? Es una reacción bastante común. La experimentó Moisés, la experimentó Isaías, y lo mismo Jonás, Jeremías y otros profetas. Incluso la Madre de Dios se turbó ante la invitación del ángel. Pedro pidió al Señor que se alejara de él porque era un pecador... Ahora bien, el miedo se vence a fuerza de confianza: si es Dios el que me está hablando, él quiere lo mejor para mí... no pierdo nada con escuchar. Él se merece lo mejor.

El miedo que produce desasosiego interior no viene de Dios... sobre todo si es un miedo que te paraliza, que no te deja actuar... hay que hacer, en ese caso, justo lo contrario. En lugar de no pensar en la posible vocación, hay que abrirlo con tu confesor o director espiritual, o con el encargado de vocaciones del seminario en el que está tu amigo... que ellos te ayuden. Es algo nuevo en tu vida, en lo que no tienes experiencia. No tengas miedo: ellos no te van a "meter de cura", te ayudarán a ver lo que Dios quiere. Si tu camino no es la vida consagrada, te lo harán saber. Lo único que un sacerdote o religioso quiere es que tú seas feliz en esta vida y en la eterna... por ello, nunca buscarán su propio interés.

Espero que esto te aclare un poco las cosas. Lee también el discurso del Papa Benedicto XVI a los jóvenes en Loreto el 1 de septiembre de 2007. Te puede dar mucha luz.

Te encomiendo.