¿Podemos hablar de otros temas?

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Una y otra vez, el mismo aniversario reaparece puntualmente en la televisión, en la radio, en la prensa, en miles de páginas de Internet.

Las voces y los textos giran sobre el tema en cuestión. Parece una especie de rito colectivo: las miradas y los corazones se sientan estimulados a dar su punto de vista, a criticar o a aprobar, a insistir sobre las causas y las consecuencias de un acontecimiento convertido casi en algo mítico.
Hay hechos, ciertamente, que merecen nuestra atención. Un atentado en el que mueren cientos, quizá miles, de personas, suscita espontáneamente reacciones, nos lleva a pensar y a opinar.

Pero a veces parece que unos hechos reciben una atención obsesiva, casi enfermiza, mientras otros quedan envueltos en tinieblas de olvido, aunque hayan afectado profundamente a la vida de millones de seres humanos.

Algunos piensan que Internet puede romper los esquemas mentales que imponen continuamente los mismos temas. Otros constatan que Internet simplemente es esclava de lo que algunos han impuesto como asuntos dominantes.

Además, no resulta fácil abrir los ojos a hechos del pasado o del presente cuando falta información. Y falta información cuando quienes la controlan (también hay monopolios en el mundo de las noticias) desean imponer ciertos temas y silenciar otros.

Uno de los retos más urgentes de nuestra época consiste en abrir espacios para otros temas, muchas veces relegados, pero no por ello menos importantes. No podemos sucumbir a un embudo por el que casi todos estaríamos condenados a pasar si queremos hacernos presentes en el mundo de la información.

Por eso, hace falta valor y energías para descubrir y dar a conocer miles de temas marginados que necesitan ser conocidos en toda su riqueza o en su dramatismo. Dejaremos así un espacio a tantas historias valiosas de seres humanos que viven y que mueren en este pequeño gran planeta de aventuras.