La ONU y el aborto

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Para que a nadie le quepa duda respecto de quién es quién en la lucha sin cuartel que actualmente existe para imponer el aborto a nivel mundial, resulta muy ilustrativo tener en cuenta un reciente documento aprobado por la ONU, entidad que se ha convertido, para los que aún no lo sepan, en una de las principales promotoras de este auténtico genocidio.

En efecto, el 03 de agosto de 2011, fue presentado a la Asamblea General el Informe del Relator Especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Sr. Arnold Grover, titulado “El derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. En este documento no vinculante, se examina la relación “entre las leyes penales y otras restricciones jurídicas relativas a la salud sexual y reproductiva y el derecho a la salud” (p. 2), lo que incluye el aborto, puesto que de acuerdo a este organismo, “El derecho a la salud sexual y reproductiva es una parte fundamental del derecho a la salud” (p. 2). 

El objetivo de este documento es remover todas las trabas existentes en los diferentes países que impiden acceder a un aborto de libre demanda. Para ello, y de manera global, “examina los efectos de las restricciones jurídicas penales y de otra índole en el aborto; la conducta durante el embarazo; los métodos anticonceptivos y la planificación de la familia; y el acceso a la educación y la información en materia de salud sexual y reproductiva” (p. 2). 

Es por eso que sin titubeos, este Informe llama entre otras cosas, a: “c) Despenalizar el suministro y la utilización de todos los métodos anticonceptivos y la esterilización voluntaria para controlar la natalidad, y suprimir el requisito del consentimiento de los padres o el cónyuge” (p. 22); “h) Despenalizar el aborto y derogar las leyes conexas, como las relativas a la facilitación del aborto” (p. 23); “j) Proporcionar servicios de salud seguros y de buena calidad, incluido el aborto, de conformidad con los protocolos de la OMS” (p. 23); y “m) Asegurar que el alcance de las exenciones por objeción de conciencia esté bien definido y su uso bien reglamentado” (p. 23).

En suma, he aquí una de las pruebas más claras de la auténtica cruzada abortista en que actualmente se encuentra enfrascada la ONU, so pretexto de los así llamados “derechos sexuales y reproductivos”, que como se ha dicho más de una vez, no tienen nada que ver (y a decir verdad, son su completa negación), con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, pese a que se siga usando la misma nomenclatura, al pretender no sólo que estas aspiraciones también sean “derechos humanos”, sino además, que constituyan una simple “evolución” de los anteriores.

Un antecedente más, si bien de suma importancia, para saber, como se ha dicho, quién es quién en esta lucha sin cuartel por imponer el aborto a nivel mundial, sobre todo en los países del tercer mundo.