¿Obedecer a Dios u obedecer a mis padres?

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¿Obedecer a Dios u obedecer a mis padres?

Avisaí pregunta:

Desde hace años tengo en mi corazón el deseo de ser sacerdote. Mis padres me dieron su permiso, pero me pusieron como condición el terminar la carrera. Tengo 20 años y me quedan 3 para terminar la universidad. Sin embargo, siento que el Señor me llama ya. ¿Tengo que obdecer a mis padres o en este caso debería irme de casa?

Muy querido Avisaí,

Ciertamente no es una pregunta fácil ni una situación sencilla la que estás viviendo. Sin duda ninguna, tus padres están actuando porque quieren "asegurar tu futuro" en caso de que descubrieras que el sacerdocio no es tu camino, y están actuando de buena fe. Quizás también su preocupación se deba a un amor mal entendido, que se resiste de alguna manera a la posibilidad de que tú puedas salir de casa y comprometerte de por vida con el Señor.

Ahora bien, yo te recomendaría que dialogaras con ellos y vieras cuáles son los motivos que están detrás de esta petición que ellos te hacen de esperar. Intenta descubrir sus temores, preocupaciones, de manera que puedas dar una respuesta satisfactoria a todos ellos.

En esta línea, podría ser muy ilustrativo que uno de los sacerdotes del seminario al que piensas entrar hablen con tus padres para aclarar sus dudas. Eso sí, el primero que tiene que hablar con ellos eres tú, porque la vocación es tuya y tú libremente quieres seguirla.

Haces bien en preocuparte por los 3 años que te quedan antes de poder entrar al seminario. Lo que puedes hacer mientras te dan el permiso, es empezar a vivir como seminarista en tu casa: incrementa tu vida de oración, acércate a la Eucaristía y a los sacramentos más seguido, dedica más tiempo al apostolado sin descuidar tus estudios universitarios, ve quitando aquellos defectos que puedan alejarte o distraerte de tu vocación.

Además de hablar con tus padres, pídele a María que te alcance la gracia de que tus padres vean tu vocación como un don de Dios, y te den el permiso cuanto antes. Si, no obstante todo, y aunque hubieras terminado tu universidad, siguieran sin darte el permiso, quizás tengas que hacer la experiencia dolorosa de amar más a Cristo que a tus padres, seguro de que ellos, con la gracia de Dios y con el tiempo, podrán entenderlo. Ciertamente, es enorme la responsabilidad de unos padres de familia que obstaculizan una vocación y tendrán que dar a Dios cuenta de ella, pero por ningún motivo debes tú dejar de amarlos, respetarlos, venerarlos y agradecerles cuanto han hecho y hacen por ti.

Cuenta con mis oraciones.