¿No habría más vocaciones si los sacerdotes pudieran casarse?

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¿No habría más vocaciones si los sacerdotes pudieran casarse?

Evangelina pregunta:

Soy catequista de una parroquia en la que no tenemos sacerdote. Una vez al mes viene un párroco de un lugar cercano, pero la gente quisiera poder tener misa más seguido. Ante la escasez de sacerdotes, ¿no sería conveniente que les dejaran casarse y así resolver este problema?

Muy estimada Evangelina,

Entiendo su preocupación y la comparto. Los fieles deberían poder recibir regularmente los sacramentos de un sacerdote y, sin embargo, sigue siendo cierto que la mies es mucha y los obreros pocos.

Muchos se han hecho la misma pregunta que Ud. Incluso algún obispo la planteó en el sínodo de 1970, en el sínodo de 1990 sobre la formación sacerdotal y, más recientemente, en 2006, en una reunión de cardenales con el Papa, llamada consistorio. La respuesta siempre ha sido la misma: el celibato es una tradición que viene desde los inicios del cristianismo (aunque sólo se codificara como ley escrita en el sínodo de Elvira, España, y luego en otros concilios más generales).

Pero le puedo decir que el problema de las vocaciones no está en el celibato. Se trata más bien de un problema de generosidad, de falta de vivencia práctica de la fe, de ignorancia práctica del Señor. Nadie puede seguir a quien no conoce... y son tantos los jóvenes para los que Cristo es sólo una idea.

Si fuera verdad que habría más vocaciones si los sacerdotes pudieran casarse, no habría problemas de vocaciones entre los protestantes, ni entre los católicos de rito oriental y ortodoxos, ni entre los anglicanos, pues entre ellos los ministros o sacerdotes sí pueden ser hombres casados... y sin embargo muchas veces tienen crisis de vocaciones mucho, pero mucho más agudas que en la Iglesia católica.

Creo que la respuesta está más bien en la oración confiada al Señor, en la búsqueda de la santidad, en una catequesis eficaz de verdad haga a los niños y adolescentes conocer al Señor, y una catequesis en la que se proponga la vocación consagrada o sacerdotal a los niños y adolescentes. ¿Cómo seguirán a Cristo si nadie los invita?

Conozco a muchos sacerdotes, jóvenes y mayores, que han seguido a Cristo porque un día una catequista les preguntó si habían pensado en ser sacerdotes... y ahí empezó el proceso de discernimiento. Ud. también, sea valiente y proponga, pregunte.

Verá que con fe y constancia, con la gracia, logramos resolver este problema. No es quitando el celibato, sino mostrando la belleza de una vida dedicada 100% a Cristo como los jóvenes acogerán la llamada del Señor. ¡Ayúdenos a promover las vocaciones! ¡Ayúdenos a promover la oración por las vocaciones!

Cuente con mis oraciones y gratitud por su apostolado, tan importante para la vida de la Iglesia.

Suyo en Jesucristo.