Navidad, fiesta de la esperanza (II)


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Navidad, fiesta de la esperanza II Parte

Un Redentor, ¿para qué?

Hoy en día mucha gente dice que no necesitamos un Dios que nos redima. Otros en cambio dicen que si en algún momento se ha necesitado de un Redentor, es en nuestro tiempo.

No se quién tenga razón, pero lo que sí es cierto es que para ser redimido por Cristo se requiere sentirse necesitado de la redención, reconocer nuestras heridas, aceptar lo que nos duele, lo que nos enferma espiritualmente.

Necesitan de un Redentor los que se sienten espiritualmente enfermos, y a veces de gravedad, y tanto peor, enfermos incurables. Así lo creen ellos por lo menos, y todos aquellos que se sienten desengañados, quizá de sí mismos o de Dios. Dios supuestamente les ha fallado. Desengañados de los demás, de la gente, incluso de su misma familia, de sus amigos o de la vida misma .

Están faltos de un Redentor todos lo que se sienten insatisfechos por la vaciedad de una vida mal vivida, insatisfechos por su mediocridad. Anhelan un Redentor que los libere de esa forma de vivir que no es ni vida ni muerte .

Requieren de un Redentor todos los que viven atormentados por los remordimientos, por las dudas; esas dudas que van mordiendo el alma y no la dejan en paz, atormentados por esa forma de vivir acaparando dinero, cariño, placer, todo el mundo para sí; los que están atormentados por los remordimientos que se clavan en el alma como púas que hacen sangrar, que matan la vida. Los que están atormentados por los fracasos, necesitan a gritos un Redentor .

Necesitan también de Él, los que están atormentados por el odio, los resentimientos y el rencor. Hay mucha gente que sufre de todo esto. También los que están atormentados por las tensiones de la vida moderna, ese subir y bajar, ese correr, ese no tener un momento de quietud, de paz, de serenidad .

Claman por un Redentor los temerosos, los que tienen miedo de enfrentarse a la verdad de la vida, los que tienen miedo de enfrentarse a Dios; los que temen hacer frente a sus responsabilidades. Abundan muchas responsabilidades como la familia, el trabajo, el servicio a los demás .

Necesitamos ser Redimidos de mil pecados: egoísmo, soberbia, sensualidad. Entonces, lo ¿necesitamos o no?

Sólo dos seres lo amaron aquella noche, después serían millones los amantes de aquel niño. Amor tan bello y tan grande no podía quedar escondido en un pesebre.. .

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