Misa, la gran desconocida

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Hace más de 30 años me sorprendió la reacción de un amigo escocés y católico, cuando asistió a una misa en España. No entendía un acto comunitario tan poco serio, donde cada uno iba a su aire, como en los paseillos de los toreros. Seguimos casi igual, pero con menos asistentes y curas. 

Entre sus diferentes causas podemos anotar la falta de formación católica y el ambiente degradado que nos envuelve. Basta ver la tele. Resultado: “La falta a las misas de precepto conduce a la frialdad religiosa; y la frialdad a la indiferencia, a la pérdida de sensibilidad creyente, y ésta posiblemente al olvido de la identidad cristiana”. 

Todos estamos  de acuerdo en que la Santa Misa, la muerte y resurrección de Cristo es el acto más importante del catolicismo. Si es así, ¿por qué la desconocemos tanto? ¿No hay nada legislado “para los laicos” al respecto? Llevo años escribiendo a curas y obispos para que, por lo menos, tengamos un DVD que indique exactamente a los "laicos" en qué momento, palabras y actos del sacerdote hemos de ponernos de pie, sentarnos , arrodillarnos, etcétera y, sobre todo, en el momento de la Consagración donde en la actualidad cada uno se arrodilla cuando le parece. Aparte se debería dar una explicación mínima de su significado. Sólo se ama lo que se conoce. 

No hay acuerdo entre los sacerdotes. He pedido las normas escritas y nadie me las ha facilitado. Seguiremos insistiendo. Si esto sucede con algo tan aparentemente simple como los cambios de postura, es inimaginable lo que puede suceder con el desconocimiento de lo que representa una sola Misa. Tiene su lógica la no asistencia a un acto del que desconocemos casi todo. 

Desde Lutero, la Iglesia está a la defensiva. Los sermones nos recuerdan las palabras de Cristo. ¡Como debe ser! Pero están tan desligados de la vida y circunstancias de las personas que olvidamos que antes de ir al cielo hemos de pasar por la tierra, y es en ésta donde hemos de santificarnos. Estos sermones son buenos para quienes menos los necesitan, quienes acuden a la misa diaria. Para los que no entran en el templo hay que utilizar internet, la radio, la tele y la prensa. Nuestra vida en la tierra es el primer escalón para subir al cielo. Cristo siempre llevaba la iniciativa e indicó el camino. 

Reconocemos que la Santa Biblia es de obligada lectura diaria, tanto el Nuevo como el Antiguo Testamento. Si no podemos llamar forofo del Madrid a quien no conoce su historia ni a sus futbolistas; mucho menos podremos llamar católicos  a quienes no conocen ni a Cristo ni a su doctrina. Y  no conoce a Cristo quien no lee los Evangelios, y sin conocer los Evangelios, la Misa no tiene sentido. Misa, Biblia y Doctrina son inseparables. ¿Culpables? Todos. Usted y yo también en la parte que nos toca. Es hora de buscar soluciones en este mundo descristianizado. Dejemos de lamentarnos y empecemos a andar. Los obispos estadounidenses nos están dando ejemplo.