Mirarse a los ojos.


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Mirarse a los ojos

“Amad, como si todavía no amáseis nada, “

se nos pide -.

Amad con el primer amor,

ese divino fuego inocente, fortísimo,

que despunta

cuando se descubre, de repente,

el objeto amado.

Vivid como enamorados de los buenos,

de los que podrían mirarse a los ojos

sin cansarse nunca,

de los que se aman como el fuego

que es purísimo y fortísimo.

Se puede mirar eternamente

a los ojos de Dios,

Sin cansarse jamás...