Mel Gibson, el patriota de la familia

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Mel Gibson, el patriota de la familia

Recuerdo que la película “El Patriota”, dirigida por Ronald Emmerich, y protagonizada por Mel Gibson narra la historia de una inminente revolución entre Estados Unidos e Inglaterra (estamos en el XVIII), y Benjamin Martin (Gibson) es un ex soldado que tiene una pacífica vida en su granja de Carolina del Sur, al lado de sus siete hijos, y prefiere la familia a participar en la guerra... Parece que esté hablando de la familia del actor, pues su familia emigró en 1968 a Australia: su padre no quería que llamaran a filas a sus hijos mayores, ya en edad de ir a Vietnam (es el sexto de 11 hermanos). Como siempre en las películas de Gibson, el film es un canto a la libertad.

Dejando aparte sus películas de acción y más comerciales, refleja este actor una postura íntegra, extraña en un mundo del cine (está casado con la misma mujer desde hace veinte años y es padre de siete hijos, como en el caso de su personaje de “El patriota”). "Me pasé la vida haciendo estupideces", dice sobre su profesión y quizá por esto se ha hecho su compañía productora y prefiere vivir su vida lejos de Hollywood. Decía entonces que nunca, jamás, se toma muy en serio a sí mismo. A sus 43 años y decía había aprendido que el éxito mata (tuvo su etapa de alcohol y violencia en los primeros tiempos). Ahora sabe poner sus prioridades: "Tener una familia numerosa es divertido, me alegra —dice el actor—. Me mato por ser un buen padre. No siempre sé qué diablos estoy haciendo, pero imagino que entre el número uno y el número siete debo de haber aprendido algo".

Define a su esposa como la roca de su vida, la mujer que tiene una "capacidad especial para mostrarme las cosas en perspectiva", y Gibson evita tentaciones y trampas. En “El Patriota” su personaje dice: "Siempre tuve miedo de que mis pecados volvieran a visitarme", al principio del filme. Él mismo escribió esa frase porque "era lo que me interesaba destacar de él. Quería que fuera alguien atormentado y lastimado, con un pasado oscuro".

La estrella mejor pagada de Hollywood quiere ser un hombre sencillo rodeado de su familia numerosa. En ese tiempo, y ya mediada la cuarentena, se ha erigido en una leyenda cinematográfica que mantiene su atractivo, se dedica a la familia y, en privado, emprende actividades caritativas para organizaciones de defensa de mujeres maltratadas.

En el libro que da el guión a “El patriota”, el protagonista tiene seis hijos pero cuando nació el séptimo de Gibson, lo integraron en el guión. Y comentando su emoción de padre añade: “He estado en los nacimientos de cinco de los siete. No hay una experiencia tan fuerte como ver emerger el milagro de la vida, se lo juro. Los años me han hecho perder parte de mi gran egoísmo. Eso me convierte en un mejor padre a los 40 que a los 20”. Dice que rechaza películas que le gustaría hacer “pero que me hubieran mantenido lejos de casa durante unos cuantos meses. Mis siete hijos me impiden aceptar esas propuestas y el dinero que tengo me permite elegir estar con ellos. Necesitan ver a su padre”.

Ante la pregunta “¿Qué fue lo mejor de crecer en el seno de una familia numerosa?”, dice: “Todo es bueno. Incluso las cosas malas. Sobre todo, porque cuando llegan las puedes repartir entre un puñado de gente, y no parecen tan malas. Tienes que aprender a coexistir, compartir y hacerte escuchar entre los demás. Y es bueno descubrir cuanto antes que no eres precisamente el centro del universo, que hay mucha gente a tu alrededor y que, a veces, les tienes que ceder el paso porque sus problemas son mayores que los tuyos. Buscarte la vida es muy sano a una edad temprana. Te prepara para lo que pueda venir.”

Ante un mundo lleno de padres que tienen miedo a tener hijos, porque tienen miedo al fracaso de no saber educarlos, Gibson aparece como un apasionado de su familia: “Siempre me ha aterrado pensar en esos hijos que no han recibido el ejemplo de los padres, que no los aman y que no se parecen en nada a ellos. Y, en el caso de un actor famoso, el riesgo que corren de convertirse en monstruos es aún mayor que el de un padre, sólo un padre, como usted dice”.