Me lo pido

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A estas alturas los Reyes Magos tendrán el buzón de cartas lleno hasta los topes. Seguramente, para estas fechas, la mayoría de los niños, que se sabe de memoria todos los juguetes de la colección de catálogos que nos han llegado a casa y de los anuncios que han visto por la televisión, han enviado sus mejores deseos a sus majestades de Oriente.

 

En muchos casos, los Reyes Magos, cumpliendo con su misión, repartirán a cada niño ilusión y regalos en distintos lugares: en sus casas, en las de los abuelos, en las de los tíos, en las de los amigos… para que, finalmente, acumulen tal cantidad de paquetes que incluso les resultará complicado guardarlos en su propio hogar.

 

Estos días, los padres tenemos un papel muy importante, ayudar a nuestros hijos a escribir la carta y enseñarles que no tienen por qué escribir una en todas las casas. Además, nos podemos encargar de sugerir al resto de la familia que no es necesario que todos ellos escriban cartas para nuestros hijos, así como de aconsejar, en la medida de lo posible, que sean comedidos porque, si no, no contribuiremos a aportarles a los niños un desarrollo educativo positivo, entre otras cosas, porque la Navidad es algo más que eso.

 

A la hora de escribir la carta hay que intentar que aprendan no siempre a pedir únicamente el juguete que está de moda. Tenemos que ayudarles a que elijan cosas que les gusten en función de sus intereses para ayudarles a crear su propia personalidad y para que sepan que si no tienen ese juguete no pasa nada porque podrán seguir siendo igual de felices.

 

En la medida de lo posible, hay que tratar, también, que les aporten algo más que diversión, hay que intentar que muchos de ellos sean educativos y que transmitan valores, de tal manera que aprovechemos el juguete de manera educativa.

 

El contenido de la carta no tiene que ser única y exclusivamente juguetes, tienen que saber pedir cosas que vayan a utilizar. Inicialmente, seguro que les va a hacer menos ilusión, no es lo mismo que les regalen la muñeca o el coche que les gusta o los guantes que necesitan. Pero hay que saber trasladar esas necesidades a la oportunidad que tienen en estas fechas de poder cubrirlas. Esta es una tarea que se nos queda pendiente a muchos padres. Actualmente, es muy probable que se deba a que las necesidades de nuestros hijos son muy pocas o inexistentes. Pero un niño que vive sin sentir necesidades de este tipo hace que piensen que pueden tener de todo y esa es la mayor causa para que luego no valoren ni cuiden lo que tienen. Por eso, para que tengan algo que poder pedir a los Reyes es necesario que nosotros contribuyamos a crear esa necesidad y esperemos a estas fechas para conseguir que reciban aquello que, de verdad, les hace falta.

 

Para concluir, es bueno que pidan algo no material para ellos o para alguien de la familia o amigos. Un deseo puede ser que se porten bien el año que viene o que los Reyes les ayuden a ello. En este caso, es nuestra la tarea de ayudarles a conseguirlo para que vean que los Reyes responden a sus deseos y expectativas.

 

Una vez llegado el día, comprobaremos, que el número de juguetes que reciben nuestros hijos es totalmente desproporcionado. Pese a todo y aunque nos empeñemos, se nos antoja complicado dar la vuelta a esta situación, en la mayoría de los casos, inevitable. Por ello, ante tal avalancha, lo único que podemos hacer es enseñarles a hacer un buen uso de todo aquello que les traigan los magos de Oriente. Es muy importante que elijan los que van a usar de manera más inmediata y guardar el resto para más adelante. Asimismo, tienen que aprender a compartir lo que han recibido con hermanos, primos o amigos. De esta manera, contribuiremos a que no sean egoístas. Por eso, previamente, es recomendable que  a la hora de escribir la carta a los Reyes les enseñemos a que no sólo pidan para ellos sino también para la familia, de tal modo, que sepan que habrá regalo para la casa y para compartir entre todos.

 

Tenemos que enseñarles, además, que detrás de cada regalo hay puesta una ilusión de la persona que ha escrito la carta para ellos: abuelos, tíos… Por ello, ante todo, tienen que aprender a valorarlo, independientemente de lo que sea, de su tamaño o de su valor material. Desde pequeños tienen que saber apreciar las cosas, y aunque lo que han recibido lo tengan ya repetido, tienen que aprender a dar las gracias.

 

Ojalá que, con esto, logremos que sean unas Navidades mágicas en las que valoremos lo realmente importante de estas fechas.