Matrimonio igual a monogamia

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Recientemente, el Tribunal Supremo de British Columbia, Canadá, ha fallado a favor de la monogamia. Ello, en atención al recurso interpuesto por un miembro de un grupo escindido de los mormones, que alegaba que la norma que prohíbe la poligamia era inconstitucional.

El fallo se basa sobre todo en diversos casos de maltrato hacia mujeres y niños que se han registrado en situaciones parecidas, pese a ser la poligamia un delito en ese país.

Con todo, esta situación permite hacer al menos dos reflexiones:

La primera apunta al vaciamiento de significado que ha sufrido la institución matrimonial en varios países de Occidente en las dos últimas décadas. Así, desligado de cualesquiera fines o funciones ‘naturales’ por un lado, y haciéndoselo depender de una mera ‘atracción sexual’, por otro, no resulta sorprendente que el matrimonio extienda su significación no sólo para englobar a personas del mismo sexo, sino también hacia la poligamia.

Lo anterior resulta evidente, porque si una institución no posee algún núcleo objetivo descubierto a partir de la realidad misma, se convierte en un recipiente vacío que puede ser rellenado con cualquier contenido; con lo cual, no habrá que extrañarse cuando se presenten (si es que no se han presentado ya) situaciones en que se abogue por el ‘matrimonio’ con algún animal, por ejemplo.

En suma, lo que importa es que si no hay un concepto objetivo mínimo de ‘matrimonio’, cualquier cosa puede llegar a serlo.

Una segunda idea que conviene recordar, es que la poligamia conlleva en el fondo, una menor valoración hacia la mujer, puesto que se considera que varias de ellas ‘equivalen’ a un hombre. Lo anterior es obvio para esta perspectiva, puesto que sólo se le permite al varón tener varias ‘cónyuges’, pero no lo contrario (la llamada ‘poliandria’).

Es por eso que en Occidente la poligamia fue abolida hace milenios, mucho antes de la llegada del cristianismo, pues resulta evidente que si de la unión de hombre y mujer (y no de otra diferente) surgen seres humanos, que a su vez son varón o hembra, existe entre ambos una indiscutible igualdad ontológica (son dos representantes del mismo tipo de ser). Es por eso que la poligamia rebaja a la mujer y la cosifica en cierta medida, lo que explica que en pueblos primitivos, el hombre ‘comprara’ a sus futuras esposas.

En suma, en el fallo en comento ha primado el sentido común y en el fondo, la realidad de las cosas, aun cuando se hayan argumentado otras razones para fundarlo. Con todo, la situación está lejos de terminar, precisamente por el vaciamiento de significado (o si se prefiere, ‘desnucleización’) que han sufrido y siguen sufriendo en Occidente diversas instituciones fundamentales para cualquier sociedad. La pregunta es, sin embargo, cuánto tiempo podremos seguir dándole la espalda a la realidad.