¿Liderazgo o manipulación?

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La insospechada superficialidad de los que han sido colocados a la cabeza de sistemas, de corrientes filosóficas, culturales, por una parte, y la inmensa tendencia de los humanos a sustituir la racionalidad por la irracionalidad, efecto concluyente de primar lo afectivo-emocional en el proceso de superación humana, es prueba evidente de que se está en un estado generalizado de postración o crisis del sentido racional. Ante los hechos, tal como asegura el aforismo latino, no tiene sentido alguno los argumentos (Contra facta non valent argumenta). El líder ha de iniciar su formación reconstruyendo el templo de la verdad, piedra a piedra. Con sentido riguroso deberá abordar las cuestiones de fondo para situar y aclarar los conceptos válidos del bien, tarea iniciada desde siglos ha,  ingente labor de formar y preparar al hombre para que aplicando el discernimiento a los graves problemas que cercan a la especie humana,  pueda conocer la correcta salida de la verdad, no siempre fácil, sino, más aun, oscurecida por el error que testimonian los fallos sucesivos de la codiciada formación. Cuando no se tiene a la verdad por brújula de las actividades no es lícito augurar buenos resultados en los trabajos emprendidos, en los anhelos y en los proyectos de los hombres. En principio, cualquier fallo producido en la procura de la verdad, ya sea frente a la realidad mundana, o frente a la convivencia, ocultándose entre sí la verdad, es menos que imposible conseguir la acción conducente al bien-valor. La formación del hombre que se inicia por orientar su aspiración hacia la verdad no concluye en la misma verdad, sino que auspicia la disposición a favor de las motivaciones y decisiones que dinamizarán a la voluntad y surgirá de ella la autodeterminación. La manipulación equivale al falso manejo de mensajes, orales o escritos, a las hipócritas actitudes en las relaciones personales y sociales para hacer prosperar intereses particulares de grupo o individuales. En  la actualidad, la manipulación se manifiesta de muy diversas maneras y en muchos de los planos institucionales que conforman la sociedad. Generalizando, es detectable la acción activa, o sea, los manipuladores entre gente que detenta algún grado de poder y, no pudiendo conservarlo por sólo el esfuerzo y dignidad personal, trata de prolongarlo mediante engañosas realizaciones, que no pasan de ser apariencias de verdad o de realidad, debiendo señalar que los ataques siempre tendrán por objetivo la verdad o el bien. Entre las múltiples maneras de sorprender la sencillez o buena voluntad de las personas o de interferir con sus facultades espirituales – inteligencia, voluntad, sentimientos – o de confundir el sistema de comprensión, podemos distinguir en el ámbito de lo formativo del espectro de la manipulación tres vertientes primarias: la manipulación del lenguaje,  del pensamiento y, la manipulación del acontecimiento o la realidad: relativismo o reduccionismo, los cuales comprenden ámbitos más vastos y complejos. La ambigüedad en el lenguaje es la modalidad más ordinaria de la manipulación, no precisamente la de mayores estragos en la formación humana y ello porque se puede descubrir con mayor facilidad y, por lo tanto ser rechazada. Conviene advertir que la manipulación en abstracto no es un síndrome que se reproduce en ciertas etapas históricas o sólo en algunos países o regimenes dictatoriales, sino que encuentra su caldo de cultivo allí donde está en juego el máximo poder. Faltaría por nombrar la manipulación en los centros de arte, establecimientos comerciales, en la publicidad, en el mundo del cine, de las editoriales, de la discografía, del deporte etc., pudiendo concluir, que el acoso de la manipulación se despliega por los cuatro puntos cardinales del devenir humano sin respetar a nada ni a nadie.  Se han de preparar hombres y mujeres honesta y solidamente formados en la enseñanza de Cristo-Jesús, dotados de calor humano y de presencia directa,  que brota de la persona en plenitud de entrega. El líder se forma con sentido crítico y testimonio de autenticidad.