Los hombres necesitan a Cristo


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¡Si
comprendiésemos la necesidad de Cristo que tienen los hombres de hoy!
Cristo el gran ausente, y sin embargo el gran necesitado, pues usted ha
visto cómo los hombres creen tenerlo todo con sus técnicas, sus modas
cambiantes o su grandes extravagancias que les tientan como un inmenso
escaparate capaz de saciarlos, detrás del cual unos se quedan
ansiándolo todo sin saber lo que quieren, otros ya lo han roto y se han
hartado de todo, y ahora yacen postrados, desilusionados, odiando lo
que amaban, odiando a los demás, y odiándose a sí mismos, sin apetito
de valores ni fuerza de trascendencia.

 Y a todos ellos, a los encantados y a los desilusionados del mundo, ha de
llegar el mensaje. Por eso se necesitan hombres preparados y olvidados
de sí mismos, que salgan y no esperen a que lleguen a ellos, hombres de
garra y de mensaje que sean capaces de darlo en cada respiro, hombres
que vivan sólo para la misión. Pero esto no es flor de un día, ni fruto
de un fervor pasajero; requiere prepararse en cada segundo según un
plan de trabajo, requiere vaciarse de uno mismo, morir todos los días y
poner en el hueco vacío sólo a Cristo para que pueda crecer y nosotros
desaparecer en Él.