La Familia es la fundada por un hombre y una mujer

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El Papa Benedicto XVI ha hablado con toda naturalidad y claridad sobre el derecho que tiene los niños a tener una familia estable y que la sociedad parece en un acto de locura, soberbia e irresponsabilidad disfrazado de derechos  se ha lanzado a combatir.

Sucede en la realidad y desgraciadamente con mucha frecuencia que esto se hace imposible por el egoísmo y la irresponsabilidad con la que muchas veces actuamos los hombres y las mujeres, pero esto no justifica que tratemos de cambiar la norma natural para justificar nuestras faltas.

Ciertamente que muchas veces es por debilidad y no por maldad que suceden estas situaciones, algunas veces suceden por abuso y otras por ignorancia  o temor y no por esto se condena en sí a las personas que se llegan a encontrar en este caso, sino al contrario hay que apoyarlas para que con un noble esfuerzo  puedan superar esta situación, y hay inclusive que admirar a muchas mujeres que abandonas y engañadas luchan y sacan a sus hijos adelante, pero esto no hace que esa situación sea la ideal.

Por eso las siguientes palabras del Papa deben ser escuchadas muy por encima de todas esas voces dedicadas a la destrucción de la familia que fomentan una muy mal llamada libertad sexual y falta de compromiso en el matrimonio.

Escuchemos las palabras del Papa Benedicto XVI pronunciadas el 8 de febrero 2010.

Para proteger adecuadamente los derechos de los niños, lo primero que hay que proporcionarles una familia.

“Cierto, es precisamente la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, la ayuda más grande que se pueda ofrecer a los niños”,  

Los niños, añadió, “quieren ser amados por una madre y por un padre que se aman, y necesitan habitar, crecer y vivir junto con ambos padres, porque la figura materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y en la construcción de su personalidad y de su identidad”. 

En este sentido, “es importante, por tanto, que se haga todo lo posible por hacerles crecer en una familia unida y estable”.

Por ello el Papa pide a los esposos que “no pierdan nunca de vista las razones profundas y la sacramentalidad de su pacto conyugal y a reforzarlo con la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el diálogo constante, la acogida recíproca y el perdón mutuo”. 

“Un ambiente familiar no sereno, la división de la pareja, y en particular, la separación con el divorcio no dejan de tener consecuencias para los niños, mientras que apoyar a la familia y promover su bien, sus derechos, su unidad y estabilidad, es la mejor forma de tutelar los derechos y las auténticas exigencias de los menores”, concluyó el Papa.