¿Existió realmente Jesucristo? ¿Es Dios?

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PRIMERA PARTE: LOS EVANGELIOS

Para poder examinar el valor histórico que tiene la figura de Jesucristo , es necesario ante todo estudiar las fuentes históricas donde se habla de Jesucristo. Una rápida vista panorámica nos pone delante un conjunto de libros religiosos incubados dentro del pueblo judío y un segundo conjunto nacido en el ambiente grecorromano: son los libros correspondientes al Antiguo y al Nuevo Testamento [1] . Para poder utilizar estos escritos con la finalidad que a nosotros nos ocupa, es necesario determinar previamente su autoridad histórica (lo único que nos interesa aquí es si son libros históricos verídicos; no si han sido inspirado por Dios).

En total, llegan a 73 obras, 46 pertenecientes al Antiguo Testamento (AT) y 27 al Nuevo Testamento (NT). Su estudio detallado y concreto constituye una ciencia especial conocida como “Introducción a la Sagrada Escritura”. Nosotros nos detendremos sólo en un pequeño grupito, que poseen en el conjunto total una importancia crucial, podemos decir que son como la clave de bóveda de todo el conjunto. Son conocidos como los cuatro Evangelios , y son ellos las fuentes que directamente interesan a nuestra prueba.

“Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan con razón el lugar preeminente, puesto que son el principal testimonio de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia siempre y en todas partes ha sostenido y sostiene que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico, porque lo que los apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego ellos mismos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito bajo la inspiración del Espíritu divino como fundamento de la fe: el Evangelio cuadriforme, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan” ( Dei Verbum 18).

Son tres los problemas que debemos plantear en torno a ellos:

    I. S u autenticidad o genuinidad;

    II.S u transmisión substancialmente incorrupta hasta nuestros días, es decir, su integridad; y

    III. Su valor histórico .

Pero, antes de comenzar con el tratamiento singular de cada una de estas cuestiones respecto de los evangelios, veremos algunas consideraciones generales, que hacen al conjunto de los cuatro.

ALGUNAS CUESTIONES GENERALES

1. El término Evangelio

La palabra evangelio ('buena nueva') era corriente en los helenistas del Imperio y en el dialecto koiné no para designar un libro, sino el anuncio de una noticia feliz en general. Vino a coincidir con el concepto de la voz hebrea besorah , que desde los tiempos más antiguos era el de mensaje de alegría. En el AT se fue concretando el concepto en sentido religioso hasta que en la segunda parte de Isaías se refirió concretamente al anuncio divino de la salud venidera (cf. Lc 4,18). En el NT la palabra evangelio se emplea exclusivamente significando el mensaje oral de la buena nueva de salvación [2] .

En griego clásico , ya desde Homero, podía significar, además de la alegre noticia, también las albricias entregadas al mensajero por la buena noticia o los sacrificios ofrecidos en acción de gracias. Posteriormente, en el año 9 a.C., una inscripción -referida al emperador Augusto- se nos da con el sentido empleado por la primitiva cristiandad: “el día natal del dios fue el comienzo de los alegres anuncios”.

Ya en tiempos del NT , la buena nueva fue desde el principio un mensaje divino en forma oral pues Jesús ni quiso formar una escuela filosófica de letrados que comentaran un texto compuesto por El, ni intentó presentarse como un doctor científico que ofrecía una teoría, sino que su fin era fundar una sociedad viva, jerarquizada por los apóstoles, testigos y transmisores de su autoridad. Por ello, en un primer momento, el término evangelio designaba la predicación oral de la buena noticia de y sobre Cristo (cf Lc 4,18-19; Mt 11,4-6; Lc 7,22; Mc 1,1.15; Hech 5,42).

En el s. II se empieza a calificar como evangelio el escrito en que se consigna la buena nueva de salvación. Tal vez la Didajé, pero sin duda San Ignacio de Antioquía (+ 107) habla en este sentido (cf Filadelfia 8,2) y asimismo San Justino (+ 165; Apol I, n. 66). El fragmento Muratoriano (aprox. 160) habla de san Lucas como “el tercer evangelio” y san Ireneo usa la significativa expresión de “evangelio tetramorfo”, es decir, de cuádruple forma ( Adv. Haer. 3,11,8). Finalmente se comenzó a citar el evangelio con el nombre de sus autores “evangelio según ...”.

2. Orden de los Evangelios

Exceptuados algunos casos especiales, el uso casi unánime desde los primeros tiempos sigue el orden Mt, Mc, Lc y Jn. Así aparece en el año 200 en el Fragmento Muratoriano, Ireneo (+ 202), Orígenes, etc. El Concilio Tridentino lo consagró definitivamente.

Desde el s. XIX, la crítica independiente, en general de corte racionalista, pasó a considerar a Marcos como el primero de los evangelios escritos. Todo nació por la cuestión sinóptica, es decir el problema de las semejanzas y diferencias entre los tres evangelios sinópticos: Mt, Mc y Lc. A partir de este problema, la crítica moderna postuló la existencia de dos documentos primitivos: el documento Q (del alemán Quelle = fuente) y el evangelio de san Marcos, sobre los cuales se basaron Mateo y Lucas para escribir los suyos. Todo esto, sin embargo, es solamente una hipótesis que no contiene, de momento, ningún elemento externo a la misma hipótesis que le dé mayores probabilidades.

3. La lengua en que fueron escritos

Jesús habló sin duda en arameo occidental, corriente entre los judíos de su época. El hebreo, propio de los libros del AT, había caído en desuso cinco siglos antes, reduciendo su empleo como lengua sagrada para la lectura de la Sagrada Escritura y litúrgicos de la sinagoga. En los Evangelios se citan algunas expresiones originales de Jesús en arameo (Epheta, talita kumi).

Desde los primeros momentos los apóstoles tuvieron que organizar una doble catequesis: en arameo y en griego. Esto desembocó en una doble redacción de los evangelios, el primero de los cuales fue el de Mateo que pronto se tradujo al griego [3] . Los otros tres ¿directamente se escribieron en griego? [4] .

Su idioma no es el griego clásico. Después de las conquistas de Alejandro Magno, a partir de fines del s. IV a.C, el griego se había extendido a casi todas las regiones civilizadas. Tal difusión produjo numerosas transformaciones surgiendo la lengua koiné (el término koiné , en griego, significa vulgar o común) más simplificada y mezclada con palabras y estructuras de otras culturas. Tal es el caso de los evangelios, en donde la lengua koiné presenta un tinte semitizante en la concepción de sus pensamientos y en la forma gramatical de las ideas y giros.

[1] Se podría objetar que es necesario analizar una por una todas las obras antiguas y modernas referidas a estas cuestiones. Hay que advertir, en primer lugar, que un gran número de obras, con ser de gran valor, no pretenden presentarse como el depósito de una revelación dada por Dios. Con este primer paso se elimina ya un número considerable. Con el material restante, conviene desechar obras que son manifiestamente falsas, por no darse en ellas los signos de credibilidad o porque se observa justamente lo contrario. Con esto, el espectro de obras que quedan por analizar es ínfimo.

[2] 76x es usada en el NT (12x en los evangelios y 60x en san Pablo).

[3] El testimonio de los Padres de la Iglesia es que Mateo escribió en hebreo. En 1555, J.A. von Widmanstadt supuso que el hebreo ya no era conocido en tiempos de Cristo y que debía tratarse del arameo. Los manuscritos descubiertos a orillas del Mar Muerto, que están casi todos en hebreo, demostraron que, efectivamente, el hebreo era una lengua muy usada todavía. Cf. J. Carmignac, La Nascita... p.80.

[4] J. Carmignac considera de gran importancia la cuestión de los semitismos presentes. Cf. su obra La Nascita dei Vangeli Sinottici . En p. 8 dice: “el griego de los evangelios no es un mal griego, ni un griego incorrecto: es un buen griego de un traductor respetuoso de un original semítico, que conserva el sabor y el perfume”. En la p. 103: “Estos son los resultados provisorios de veinte años de investigación sobre la formación de los evangelios sinópticos: 1) es cierto que Marcos, Mateo y los documentos utilizados por Lucas han sido redactados en una lengua semita. 2) Es probable que esta lengua semita sea el hebreo y no el arameo...”

LA AUTENTICIDAD DE LOS EVANGELIOS

Para considerar la autenticidad, mantengamos presente lo siguiente:

· “Auténtico” (del griego authentéo = tener autoridad) se llama al escrito que pertenece realmente al autor o a la época que se le atribuye. “Apócrifo” al que carece de tal condición.

· Además, tratándose de un hecho histórico, metodológicamente el argumento de más fuerza es el externo, basado en los testimonios fidedignos de aquellos que tuvieron noticia cierta de su origen (argumento extrínseco). El estudio interno (argumento interno o intrínseco) es una ayuda pero no ofrece una conclusión tan segura; su mayor utilidad es de tipo negativa, es decir, manifiestan algunas veces que un autor determinado no ha podido escribir un determinado libro (cf D. 1946; 2076; 2086; 2100).

· Por último, no caer en el prejuicio racionalista de considerar a priori que cualquier hecho sobrenatural no puede ser verdadero

Examinaremos por separado la autenticidad del:

    1) Evangelio según San Mateo

    2) Evangelio según San Marcos

    3) Evangelio según San Lucas

    4) Evangelio según San Juan

Conclusión sobre la autenticidad