El Papa que conquistó a los jóvenes

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El primer reto del Papa Benedicto fue acudir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que había sido convocada por su Antecesor, en Colonia (agosto 2005). Aunque era en la Tierra natal del nuevo Pontífice, los medios especulaban si el recién elegido podría reunir a tantos jóvenes y conectar con ellos, como lo hacía Juan Pablo II.
Se repetía nuevamente un fenómeno de opinión pública: por una parte, muchos periodistas vaticinaban problemas para el nuevo Papa, pues hacían predicciones basados en el prejuicio de que Joseph Ratzinger era un hombre “duro”; y, por otra parte, la realidad de la amable personalidad de Benedicto XVI iba conquistando el corazón de los católicos, empezando por los jóvenes.
Durante el Pontificado de Joseph Ratzinger ha habido tres JMJ de alcance internacional: Colonia, Sydney y Madrid. Cabe recordar que además, hay una jornada con jóvenes en cada viaje del Papa y también cada año en Roma, en el Domingo de Ramos.
Ya desde su primera JMJ en calidad de Papa, Benedicto XVI deshizo rápidamente los prejuicios. Se decía, por ejemplo, que Alemania era un país de mayoría protestante. Sin embargo, “a pesar de los pronósticos algo pesimistas en un comienzo, resultó ser un éxito clamoroso. Algunos lo consideraron el verdadero ‘milagro alemán’. Tras el encuentro, un popular periódico renano titulaba el evento en su primera página con sencillas palabras: ‘Sencillamente divino’ ” (Cfr. Pablo Blanco, El Papa alemán, p, 341).
Una señal de la aceptación que tuvo el Santo Padre, en su primer encuentro con los jóvenes, fue que “el presidente de la cadena pública de televisión alemana informó que más de 250 millones de telespectadores de todo el mundo siguieron el domingo la Eucaristía de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud 2005”. (Cfr. Aciprensa.com, 23.VIII.2005).
Lo mismo se puede decir del encuentro en Sydney (2008), que superó el número de visitantes a Australia en toda la historia de ese país, por encima del número de asistentes a las Olimpiadas del 2000.
Y otro tanto ocurrió a penas el año pasado en Madrid, donde por lo menos un millón y medios de jóvenes, se reunieron con el Papa en una emotiva vigilia de oración y luego en una Misa. Por cierto, durante esa vigilia cayó una tormenta, pero Benedicto XVI no se movió de su lugar e improviso en castellano: “Nuestra fuerza es mayor que la lluvia. Gracias. El Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones”; y al concluir les agradeció a los jóvenes “el gran sacrificio” y su buen ejemplo.
El núcleo del mensaje del Papa a los jóvenes se encuentra condensado en la homilía de la Misa del inicio de su Pontificado, que sigue claramente la línea de Juan Pablo II: “hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos ustedes, queridos jóvenes: ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo, y encontrarán la verdadera vida”.
Juan Pablo II supo entrar en el corazón de los jóvenes y apeló a sus aspiraciones más profundas. El Papa alemán conoce muy bien la cultura contemporánea con sus alcances y sus límites; sabe bien cuáles son las grandes objeciones que la sociedad de hoy pone a la fe, y les ha dado una respuesta profunda. Por eso, Benedicto XVI ha entrado en las inteligencias de los jóvenes y les ha llenado el corazón con un ideal: Jesucristo.