El insigne Félix Varela

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Benedicto XVI acaba de autorizar el decreto por el que se reconocen las “virtudes heroicas al sacerdote cubano Félix Varela, nacido en La Habana el 20 de noviembre de 1788 y fallecido en San Agustín, Florida, el 25 de febrero de 1853”. Desde este momento tiene el tratamiento de Siervo de Dios, primer paso hacia su canonización. Cuba cuenta ya con dos beatos, Olallo Valdés, de la Orden de San Juan de Dios (1820-1889) y José López Piteira (1913-1936). 

Escuchamos el 28 de marzo a Benedicto XVI en la Misa concelebrada en la Habana, la ciudad natal de Félix Varela. A la plaza de la Revolución “José Martí”, han acudido miles de peregrinos llegados para la ocasión desde toda Cuba. Han viajado por los medios más baratos, libremente y a sus propias expensas. 

¿Por qué en Cuba esta movilización popular masiva? Algunas palabras de la homilía de Benedicto XVI pueden ayudara responder. 

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“«Si se mantienen en mi palabra, serán de verdad discípulos míos; conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». En este texto del Evangelio que se ha proclamado, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores. (…) 

“En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla supone siempre un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad, proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos. Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse”.

“Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándola a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. (…) Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad. Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana”. (...)

“Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad; en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano. Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo y a quienes no creen en Él” (…). 

“La Iglesia vive para hacer partícipes a los demás de lo único que ella tiene, y que no es sino Cristo, esperanza de la gloria. Para poder ejercer esta tarea, ha de contar con la esencial libertad religiosa, que consiste en poder proclamar y celebrar la fe también públicamente, llevando el mensaje de amor, reconciliación y paz que Jesús trajo al mundo. 

Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe. Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la Nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana”. 

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Todo tipo de personas escuchan al Papa: jóvenes, adultos, ancianos e incluso niños. 

“Ejemplo preclaro de esta labor -concluye Benedicto XVI con ternura y aplomo a la vez- fue el insigne sacerdote Félix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de esta ciudad de La Habana, que ha pasado a la historia de Cuba como el primero que enseñó a pensar a su pueblo. El Padre Varela -añade el Papa- nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud». Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a seguir el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad”.