El agua de la vida

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EL AGUA DE LA VIDA.
 
Concédeme la gracia,
tantas veces pedida,
y sáciame del Agua de la Vida.
 
Que brille la mañana,
que nazca una sonrisa,
al dulce son del Agua de la Vida.
 
¡Qué triste está mi alma!
¡Qué sola y qué perdida,
cuando no tiene el Agua de la Vida!
 
Detén ya tu mirada
sobre mi alma dormida
y llénala del Agua de la Vida.
 
La noche es ya cerrada,
la mesa está servida,
sólo nos falta el Agua de la Vida.
 
La fuente traspasada
que brota de tu herida
trae sangre con el Agua de la Vida.
 
Subid a la montaña
y acariciad su cima,
de donde sale el Agua de la Vida.
 
Dejad nacer el alba,
dejad correr la brisa
e id a beber el Agua de la Vida.
 
Sobre una cruz clavada,
temblando en agonía,
la humanidad de Dios nos justifica.
 
De su costado mana,
caliente y dolorida,
como de un manantial, el Agua viva.
 
Si la suerte está echada,
si ya no hay voz que grita,
dejad que se oiga el Agua de la Vida.
 
Si la hoguera se apaga,
si abrasa la sequía,
dejad que corra el Agua de la Vida.
 
Me asomo a la ventana,
a ver pasar el día
y oigo el rumor del Agua de la Vida.
 
Como la luz temprana,
que muere y resucita,
así también el Agua que da vida.
 
Decid a la mañana,
gritad al mediodía
que Dios se nos ha dado por bebida.
 
Lo que otros esperaban
es ahora la noticia:
Jesús resucitado da la vida,
Jesús resucitado da la vida.