¿Doy el permiso a mi hijo para ir al seminario menor o no?

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¿Doy el permiso a mi hijo para ir al seminario menor o no?

Renato pregunta:

Padre,

Quiero agradecerle todo su esfuerzo por responder a tantas preguntas sobre el discernimiento vocacional. Yo tengo dos hijos y el mayor, de 12 años, me ha dicho que quiere irse al seminario. A mí me parece que está muy chico para tomar una decisión así y que, además, necesita de su padre y de su madre en este período de la adolescencia. Sin embargo, aunque humanamente me duele admitirlo, creo que Dios sí que lo puede llamar. ¿Conviene que le dé el permiso para irse al seminario desde ahora o mejor le pido que espere a terminar, al menos, el bachillerato?

Estimado Renato,

Quiero agradecerle mucho su pregunta y la honestidad con la que afronta un tema sumamente delicado como es la vocación de los propios hijos. Percibo que es un hombre de fe y que esto le permite ver como un don de Dios el posible llamado de su hijo al sacerdocio, aunque naturalmente su corazón de padre sufra por lo que pueda implicar de separación física de él.

En primer lugar hay que tener presente que el Señor puede llamar cuando Él quiera. Llamó, en la Sagrada Escritura, a Samuel siendo un niño mientras dormía cerca del arca de la alianza, llamó a Juan Bautista desde el seno de su madre, llamó a Jeremías siendo un muchacho, y a Juan Evangelista cuando era todavía muy joven. Por otra parte, también llamó a muchos en su edad adulta, e incluso a algunos siendo ya avanzados en años, como Abraham. Si Él es nuestro Padre y Creador, Él sabe cómo y cuándo hacerse presente en nuestras vidas. Por ello, no tiene nada de extraño que de hecho pueda llamar a un muchacho a los 12 años de edad.

En segundo lugar creo que es importante aclarar que el ingreso al seminario menor no es garantía de que un chico tiene vocación al sacerdocio. Más bien se entra al seminario menor con la sospecha de que hay una vocación y con la esperanza de que en un ambiente formativo, sano, de cultivo de la vida espiritual, con buenos formadores y, sobre todo, en un ambiente de total libertad y sin presión, la posible vocación pueda madurar.

No cabe la menor duda de que a cualquier adolescente le hace mucho bien estar cerca de sus padres. Sin embargo, también es verdad que los padres que son humildes y sensatos, reconocen que ellos no le pueden dar todo ni son las personas más expertas en todos los campos para ayudar a sus hijos. Conozco muchas familias que envían a sus hijos a los 12 ó 13 años a un internado para aprender idiomas, sin verlos durante el año. Si el ambiente del internado es bueno, los chicos pueden madurar, crecer en el aprecio de sus padres (a quienes quieren a pesar de las distancias físicas y el distanciamiento que se da en la adolescencia con el descubrimiento de la libertad y de la propia personalidad propios de esta fase del desarrollo psicológico de los chicos). Aquí no estamos hablando tanto de idiomas, sino de discernimiento vocacional. Es evidente que hay padres de familia juegan un papel decisivo en el discernimiento, pero también hay que reconocer que quizás no sea el campo que más conozcan y que pueden necesitar ayuda para ello. Por otra parte, está el tema del ambiente: aunque en la propia familia la vida cristiana sea insuperable en el mejor de los casos, el ambiente externo es generalmente hostil. No se trata de esconder a los muchachos en una especie de invernadero, pero sí de preservarlos de aquello que puede truncar o dañar su amistad con Cristo y su desarrollo armónico integral y propiciar que puedan discernir su llamado. Si Cristo los llama, ellos, libremente, pueden optar por seguir adelante sus estudios. Si no, regresan a sus casas sin haber perdido sus estudios, y con una excelente formación intelectual, espiritual y humana que los ayudará a ser hombres de bien en el futuro (aunque tengan que seguir luchando toda la vida por ser santos y coherentes con su vida cristiana).

Hace poco estuve en un seminario menor de los Legionarios de Cristo en España. Iba con un sacerdote que se dedica a la formación de seminaristas desde hace 30 años. Estábamos viendo a los jóvenes jugar un buen partido de fútbol, divertirse, con un ambiente muy sano, de alegría y total rectitud (¡ellos mismos marcaban sus propias faltas en el juego!). De pronto este sacerdote me dijo: Mire, son jóvenes como Dios los pensó. Creo que tiene toda la razón.

Ciertamente, Renato, yo no puedo decirle si debe dar el permiso o no. Pero sí le recomendaría que fuera a conocer el seminario menor, al rector, viera a los demás seminaristas. Habiendo visto Ud. el ambiente que se vive, el plan formativo, aceptado las normas disciplinares del seminario, etc., si su hijo se lo pide, y si Ud., en la oración, ve que eso es lo mejor para su hijo (aunque sufra por lo que ello implica), creería que la respuesta estaría clara.

Cuente con mis oraciones para que el Señor lo ilumine y le dé la generosidad para hacer lo que más convenga para su hijo.