Discutir en vez de disputar: ¿Respetamos a nuestros adversarios?

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1) Para saber

La paz es comúnmente aceptada y la lucha por obtenerla da sentido a muchos movimientos sociales. Sin embargo no siempre se está de acuerdo en los medios para conseguirla, sobre todo cuando afecta a los intereses personales.

La paz exige una tolerancia mutua, la cual no es una simple permisividad en que se acepta cualquier postura, sino que supone respeto. En cualquier ámbito debe imperar la paz: deportivo, familiar, político, etc. No se trata solo de soportar o aguantar a quien defiende una posición distinta de la personal, sino de fomentar y agradecer que se exprese, prestándole suma atención.

 

2) Para pensar

 

El escritor Alfonso Aguiló relata la historia de un pequeño cacique de una modesta población.

Se trataba de una persona que era alcalde de esa minúscula ciudad desde hacía muchos años, y nadie se atrevía a presentarse en las sucesivas elecciones municipales. Su dominio era completo. Nadie podía hacerle sombra ni rechistar sus órdenes. Toda decisión, hasta la más pequeña, pasaba por la mesa de su despacho.

Pasaron los años y un buen día, ante el asombro de todos, apareció otro candidato. Las siguientes elecciones ya no serían la historia de siempre. Se prometían realmente interesantes.

El eterno alcalde se sintió afrentado. Que alguien tuviera la desfachatez de hacerle la competencia era algo intolerable. No es que simplemente le molestara, es que no lo podía entender.

El insólito rival lanzó su programa, distribuyó su propaganda, hizo sus promesas, y llegó por fin el momento de que las urnas resolvieran aquella confrontación. La expectación fue grande. Todo era muy distinto que las veces anteriores.

Al final, por un estrecho margen, el nuevo candidato fue derrotado y el viejo cacique pudo respirar tranquilo. Enseguida hizo unas declaraciones a la prensa local. El recién reelegido alcalde estaba radiante de alegría. Tanto, que haciendo acopio de buenos sentimientos se refirió al vencido contrincante y dijo con voz solemne: "Le perdono".

Pensemos si también hoy, quizá alguna vez nos puede pasar, a nuestro nivel, algo parecido a lo que sucedió a este singular alcalde.

Podemos llegar, curiosamente, a considerar una ofensa que nos lleven la contraria, o que nos hagan legítima competencia, o que piensen de forma distinta a nosotros y lo manifiesten públicamente.

 

3) Para vivir

 

No es lo mismo discutir que disputar. Se puede discutir pacíficamente en donde las partes en conflicto expresen las razones por las cuales defienden su postura. La discusión es para examinar atentamente una afirmación. En cambio, la disputa implica cierta agresividad, se hace de modo terco, necio e incluso violento. Es la soberbia la que intenta imponerse a los demás, lo cual manifiesta una falta de equilibrio y de seguridad personal.

 

Detrás de cualquier problema en la educación hay siempre un principio de soberbia. Son actitudes en las que se manifiesta ese pequeño tirano que todos llevamos dentro. Actitudes que si las viéramos desde fuera de nosotros nos parecerían tan ridículas o más que la de este alcalde a quien tanto costó perdonar al que había osado hacerle la legítima competencia en unas elecciones libres.