Dios llama a quien quiere


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Se
ve claramente en todos los casos que Dios llama a quien quiere, que el
llamado no depende de nuestras cualidades, de nuestros méritos, sino de
su amor de predilección. Toda la Escritura nos enseña esto: Dios se
adelanta por amor a cualquier iniciativa del hombre. "No me habéis
elegido vosotros a mí. Yo os elegí a vosotros", éstas son las palabras
del Evangelio. A ti, a mí, a todos nos ha escogido Dios por amor, nos
ha asociado a su cruz y a su gloria; nos pide seguir tras sus huellas
dolorosas y al mismo tiempo nos inunda de la experiencia de un amor
incomparable.

Yo,
al menos, cada día voy descubriendo esa infinita riqueza de Dios. Cada
día descubro que el hecho de haber sido llamado por Dios no tiene
ningún parangón en esta vida: ni las mayores riquezas ni los amores
humanos más nobles significan frente a la posibilidad de sentir su amor
un segundo. ¡Qué seguridad! ¡Qué fortaleza ante cualquier problema o
dificultad nos da la fe en su presencia! Así comprendo cada vez mejor
la experiencia de san Pablo, quien decía que nada le podía separar del
amor de Cristo.

Ojalá
pudiéramos transmitir a los hombres de hoy esta experiencia, no con
palabras, sino con el testimonio de nuestra vida. El testimonio hiere
las conciencias adormiladas de los hombres que yacen indiferentes ante
la gran responsabilidad de vivir y dar sentido a su vida. Nuestro
sentido cristiano de la vida debe ser la llama que encienda el amor
entre los hombres que se alimentan de odios azuzados por ideologías y
filosofías extremistas. La vivencia de un Evangelio sin barreras y sin
interpretaciones personales debe convertirse en la luz que ilumine este
mundo que camina en las tinieblas.