Deja al Espiritu Santo el campo que le corresponde


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He comprendido desde el inicio que mi lucha, por más recia y bien intencionada que fuese, poco iba a obtener estando solo; por eso he procurado y vigilado el dejar al Espíritu Santo el campo que le corresponde, para que por mi medio y como instrumento secundario y dócil, encienda en sus corazones el fuego que ha encendido en el mío, para que su luz y su calor iluminen y calienten a los pobres de luz y de calor; pero ante todo para que les haga conocer la fuente inefable de ese fuego.