¿Debo guardar el secreto?

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¿Debo guardar el secreto?

Patricio pregunta:

Padre,

Soy seminarista cercano ya al sacerdocio. Tengo un amigo muy cercano, que también es seminarista. Hace poco estuvimos hablando y me comentó que se había enamorado de una muchacha de la parroquia en la que está haciendo pastoral, y que incluso se había pasado de la raya con ella. Yo veo que él tiene el corazón dividido y que necesita ayuda. Sin embargo, yo le prometí no delatarlo y guardar el secreto... Incluso le dije que era como mi primer sigilo sacramental antes de que me lo dijera. Pero yo quiero ayudarlo, sin delatarlo. Me encuentro confundido y no quiero que mi amigo pierda su vocación, pero tampoco que se haga sacerdote si no podrá ser fiel a su compromiso de castidad. ¿Qué me recomienda hacer?

Muy querido Patricio,

Gracias por tu pregunta. Comprenderás que un sitio de internet no es le mejor lugar para aclarar todos los matices que puede tener esta pregunta. Sin embargo, te ofrezco algunas pautas que pueden ayudarte a decidir lo que es lo mejor para tu amigo.

1. El sigilo sacramental es absolutamente inviolable. Por ello, nada de lo que el sacerdote conoce por la confesión puede ser manifestado. De hecho, Santo Tomás de Aquino solía decir que de nada sabía menos que de lo que sabía por la confesión. El testimonio de sacerdotes que han preferido la muerte antes de traicionar los secretos del Rey, es más que elocuente.

2. Ahora bien, tu amigo no ha hecho una confesión sacramental contigo, por lo tanto, aunque tú lo hayas dicho, no estás obligado al sigilo sacramental. Sin embargo, como te lo ha dicho como una confidencia, sí estás obligado al secreto. El catecismo de la Iglesia Católica n. 2491 nos da unas guías para manejar los secretos:

2491 Los secretos profesionales -que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas - o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada.

3. Tú tienes la preocupación por el bien de tu amigo y de su futuro sacerdocio... Creo que lo que tienes que hacer es animar a esta persona a abrir su problema con quien le puede ayudar. Tú puedes animarlo, comprenderlo, etc. pero quizás todavía no tengas la experiencia para orientarlo convenientemente. Por ello, sería muy bueno y conveniente que él mismo lo abriera con el padre espiritual o con alguno de los formadores del seminario a quien le tenga más confianza. Si no lo ha confesado con claridad, también sería necesarísimo que lo hiciera... Esto es como las heridas: si dejas algo de suciedad dentro, se infecta y es peor... es una bomba de tiempo.

4. Puedes, también, pedir consejo a tu padre espiritual. Sin referirle el nombre de los implicados, refiérele lo que sabes y pregúntale cómo ayudarle.

5. En caso de que tu amigo no quiera abrir esto con quien corresponde, ni esté dispuesto a dejar a esta chica aunque quiera ser sacerdote, conviene que comentes este hecho con un formador del seminario, pues, como dice el catecismo, se derivaría un mal enorme para tu amigo, para la Iglesia, para esta muchacha y para las personas que sufrirían de ver un escándalo en un sacerdote. Está claro que, según establece el derecho canónico, esto no lo puede hacer un padre espiritual y mucho menos un confesor. Pero éste no es tu caso. Y, atención, sólo sería lícito comentarlo con quien pudiera ayudar a tu amigo, no con un compañero u otro amigo tuyo que realmente no podría hacer nada al respecto. En esto hay que ser muy delicados.

6. En todo esto, ora mucho. Tú sabes bien que la mayor parte de los sacerdotes y seminaristas son elegantemente fieles a sus compromisos. Pero también sabemos que el hombre es frágil y puede ser tentado. Por ello, hay que crecer en la unión con Cristo y vigilar, desconfiando de nosotros mismos, para no vender por un plato de lentejas el tesoro de la vocación.

Espero que estas pautas te sean de utilidad para actuar de cara a tu amigo y para tu futuro ministerio sacerdotal. Recuerda que cuando recibes una confidencia así, como mediador-sacerdote, te corresponde orar intensamente para que el Señor conceda la gracia de la conversión a esa persona.

Te encomiendo.